Posts Tagged ‘Yo’

Día 23 – Dra. Strangelove

28/09/2009

Benito me recibió con las patitas abiertas, ronroneando. Su pañalito y sus ojitos suplicantes me pudieron. Lo acomodé sobre mi falda y empecé a elucubrar los próximos pasos del plan, tomando unos mates en la cocina. Cuando caí en la cuenta de que estaba calculando con lujo de detalles todo lo que tenía que hacer, mientras acariciaba de punta a punta el lomo del felino, me toqué el brazo para comprobar que no me había convertido en el Doctor Garra. Afortunadamente, nada de eso había ocurrido. Desafortunadamente, aquella sensación despertó a La Pandilla.

Superyó: ¿Estás segura de lo que vas a hacer?

-Ello: ¿Le dejaste todo a Luna? Fumémonos otro porro.

-Yo: A mí me parece racional, chicos. Pongámoslo así: Lucha se arregla con Rubén, nosotros nos sacamos de encima a Gabriel, enmendamos sus errores y todos contentos.

-Superyó: Es verdad.

-Ello: Sí, es verdad. Y después nos fumamos un porro.

-Yo: Listo.

-Sol: ¡Me van a hacer llorar de la emoción! ¡Al fin están todos de acuerdo! ¡No lo puedo creer!

-Ello: ¡Esto se merece un brindis!

-Superyó: Bueh, bueh, tampoco te hagas el vivo. Primero, lo primero.

-Yo: Sí, dale.

Aunque Benito insistiera con maullidos y revuelcos para que lo siguiera mimando, tuve que hacer caso omiso a sus ojitos lastimosos y, después de dejarlo sobre la silla, fui hasta el living y teléfono en mano, puse en marcha la primera fase de mi plan.

-Sol: Hola, Rubén.

-Rubén: No me digas nada. No la aguantás más. ¿Viste? Es una dictadora de la limpieza y el orden… ¿tanto le cuesta pasarle un pedacito de papel al asiento del inodoro? –evidentemente, iba a ser más difícil de lo que pensaba- ¿Cuándo vuelve?

-Sol: Justamente por eso te llamaba, Rubén. No-va-a-vol-ver. Lucha está planeando largar alguna cátedra, atender a más pacientes particulares y juntar plata para mudarse sola a fin de año.

-Rubén: ¡¿Qué?! –touché, pensé.

-Sol: Lo que escuchás. Está enojadísima con vos y, a decir verdad, tiene razón.

-Rubén: ¡Pero si nadie la va a querer como yo! ¡Estamos juntos hace diez años! ¡No se va a ir a vivir sola nada!

-Sol: Revisa los clasificados todos los días, Rubén… -mentí, pero el fin justificaba los medios.

-Rubén: No, no, no. No puede ser… -me respondió incrédulo, con voz entrecortada-. No puede ser, Sol. Luchita, “oshita”, culo jugoso… Me tenés que ayudar. No la puedo perder.

-Sol: Por eso te llamaba. Yo te voy a ayudar, pero vos tenés que hacer todo lo que te diga, eh.

-Rubén: Lo que quieras, Solcito. Si pierdo a “osha” me muero. Yo sé que a veces soy desconsiderado…

-Sol: ¿A veces?

-Rubén: Sí, a veces. Mirá, antes de que se fuera, le compré unos guantes de hule geniales para que limpie y hasta le compré una escoba nueva.

-Sol: Sos un caso perdido, Rubén –le dije resignada.

-Rubén: ¡Pero si era uno de esos escobillones gigantes! Estuve re inteligente… ¡con ése barría toda la casa en media hora!

-Sol: Callate y escuchame que en cualquier momento llega. Anotá la dirección exacta de mi casa…

-Rubén: Sí, sí. Lo que digas.

Después de darle el resto de las instrucciones, nos despedimos.

-Superyó: Ahora me siento bien: estamos haciendo algo bueno por Luchita.

-Ello: ¿Podemos brindar?

-Yo: Hmmm… ¡y daaaaaaaale!

-Sol: ¡Salud!

Levanté mi porrón en soledad, satisfecha. No podía fallar.

¿No?

Anuncios

Día 21 – Con la frente marchita

15/08/2009

-Superyó: ¿En serio vas a robar?

-Sol: El que le roba a un ladrón… -pensé justificándome- es en concepto de alquiler, daños, destrozos y la operación de Benito.

-Ello: ¡Vamos! No conocemos Ecuador. De última, si Javi nos da vuelta la cara nos tomamos unas lindas vacaciones.

-Superyó: Siempre el mismo vos, eh. Siempre de farra, siempre haciendo lo que quiere, ¡egoísta! Javier pidió que lo respetáramos. Además, un poco de dignidad, che. ¿Qué es eso de andar corriendo a un tipo que nos dejó y no nos quiere hablar? Aparte, nos tenemos que poner a trabajar de una buena vez.

-Ello: No es un tipo, tarado. Es el tipo que amamos. ¡Vamos a las Galápagos!

-Yo: Seamos racionales. No tenemos un mango, pero Javier se va a ir y tendríamos que hacer algo. Lo mejor sería dejar pasar un poco el tiempo, enfocarnos en el trabajo y, en todo caso, llamarlo.

-Sol: Chicos, tengo miedo. Si no insisto y lo respeto, puede llegar a pensar que no me importa, que ya cerré la historia. Pero Superyó tiene razón, Javi me pidió compromiso. Tengo que demostrarle que puedo ser responsable y hacer las cosas bien a mi manera. Voy a componer la mejor música incidental de un largo nunca jamás hecha, voy a ganar premios, la prensa me va a aclamar, voy a aparecer toda diva en el BAFICI y Javier se va a morir de amor, me va a venir a buscar, yo me voy a hacer la difícil, pero después voy a aceptar, aunque tenga que rechazar a Tarantino que justo va a ser juez del Festival y…

-Superyó: Paráááá, que se te va a derramar la leche, tontita. Primero lo primero. ¡A trabajar!

Día 15 – El lado oscuro del sol

25/07/2009

Entreabrí los ojos, miré por la ventana y, como era de noche, seguí durmiendo. La cabeza me explotaba. O mi cráneo se había encogido o mi cerebro había crecido estimulado por el alcohol, pero no me interesaba develar tal misterio. Lo único que quería era compensar dos noches en vela, pero una terrible pesadilla no me permitiría hacerlo. En mis sueños, yo estaba sentada al costado de una ruta y ningún auto paraba aunque le mostrara las piernas o el escote. Siempre fueron mis atributos más seductores, por eso no entendía la ineficacia de su exhibición. Justo cuando descubría que mis pechos habían desaparecido y que mis piernas parecían un mapa físico político color de tantas várices que tenían, me desperté. Todavía era de noche y ya no iba a poder conciliar el sueño.

Me cepillé los dientes y después de enjuagarlos, empecé a tomar agua de la canilla de una forma desesperada. En la cocina, el reloj marcaba las once de la noche. Entendí que no era de madrugada, sino que había dormido desde las seis de la mañana hasta esa hora, pero el tiempo había pasado como un suspiro. Puse la pava y prendí un cigarrillo. Me senté en la mesada a esperar que el agua se calentara y vi una nota sobre la mesa. Cuando distinguí la caligrafía de Gabriel sentí que mi pierna se erguía y la planta del pie me avisaba que otro calambre estaba por venir. Antes de leer lo que decía me comí una banana preventiva, pero ni todo el potasio del mundo iba a evitar lo inevitable.

“Javier te llamó 15 veces, pero me pidió que no te despertara. Gabriel. P.D.: GRACIAS POR DESPERTARME A LAS 5 DE LA MAÑANA. LINDA SERENATA.”

Me senté en el piso y estiré la pierna hasta lograr que el calambre se fuera. Me sentía miserable, vacía. La voz de Javier pidiéndome que volviéramos a vivir juntos me torturaba y la constante imagen de su llanto despertó a toda la pandilla.

-Superyó: Deberías haber puesto el despertador y llamarlo temprano. Estaba llorando y lo dejaste así. El te bancó en todas, siempre estuvo con vos. Tenés el mejor novio del mundo y lo tratás así.

-Ello: Volvamos a dormir, che. Se me parte la cabeza, quiero descansar.

-Superyó: Callate Ello, vos sabés que si no arreglamos esto antes de ir a la cama no vamos a poder dormir.

-Ello: Necesito una cerveza… eso nos va a relajar a todos.

-Yo: Necesitamos descansar, necesitamos una cerveza, pero por sobre todas las cosas necesitamos arreglar las cosas con Javier. Agarrá el teléfono, Sol.

-Sol: Ok, ok. Denme un minuto para pensar.

Con Javier habíamos decidido que lo mejor era vivir separados un tiempo, arreglar las cosas y después retomar nuestro gran proyecto: comprar una casa enorme en Colegiales, donde pudiéramos pasar el día entero sin vernos la cara y que la convivencia no volviera a erosionar nuestra relación. Él me hablaba de nuestros proyectos futuros, yo le hablaba de nuestro presente. Él me hablaba de una casa, yo le pedía que me invitara a salir. Él me hablaba de convivencia, casamiento e hijos, casi sin registrar que hacía seis meses que ya no vivíamos juntos, dejando de lado los motivos que me llevaron a irme envuelta en un mar de lágrimas. Como dice Pedro Aznar, Javier siempre está sufriendo por lo que no hay. Cuando nos fuimos de viaje a Centroamérica solía despertarse a la mitad de la noche con algún movimiento brusco. Lo abrazaba y le preguntaba qué le pasaba y él siempre me respondía lo mismo: “con la plata que gastamos en este viaje podría haber cambiado el auto”. Cuando finalmente cambió el auto y le tocó planificar su primera vacación sin mí, su queja constante era que, como se había comprado el auto, tenía poca plata para viajar. A medida que nuestra relación se consolidaba, Javier comenzó a aplicar la regla de la insatisfacción absoluta conmigo. Si le preparaba papas bravas me decía que a él le gustaba el puré y, cuando se lo hacía, me reclamaba que no cocinaba platos elaborados. Para una persona tan exigente y perfeccionista como yo es una tortura vivir con alguien que jamás va a estar completamente satisfecho con nada.

Cuando en medio de nuestra discusión me reclamó que no estaba comprometida con nuestro proyecto, volví a experimentar esa sensación. Tanto Javier como yo tenemos la fortuna de tener una propiedad, algo que hoy por hoy es un gran privilegio. Ambos trabajamos de lo que estudiamos y nos va bien. Pero él quiere más, siempre quiere más y la frustración de no poder complacerlo, de no ser perfecta para él, me destroza el alma.

Una vez me dijeron que en una relación, inevitablemente, siempre van a haber dos o tres cosas que te van a molestar y que jamás vas a poder cambiar. El secreto está en aprender a vivir con ellas o saber dejar la relación. Siempre opté por lo primero, porque para mí no existe la vida sin él, no es una posibilidad. Así que, después de tanto meditar, decidí llamarlo.

-Sol: Hola, Javi. Quería que me disculparas por lo de ayer. Sé que… -me interrumpió con una voz seca, distante.

-Javier: No importa, Sol. Yo no te llamé por eso –estaba feliz, pensaba que había dejado todo de lado, pero no fue así-. Te llamé para saber cuándo podía pasar a buscar mi campera. Vos y yo no tenemos más de qué hablar.

-Sol: ¿Qué me estás queriendo decir? –cerré los ojos con fuerza y recé por no escuchar lo que iba a escuchar dos segundos después.

-Javier: Que no tenemos nada más que hablar. Se terminó. Me agoté. Paso mañana. Chau.

Lo llamé mil veces a su casa y un millón de veces al celular, pero nunca atendió.

-Ello: ¿Nos podemos ir a la cama ahora?

-Superyó: No vamos a poder dormir, tarado. ¿No ves que Sol arruinó todo?

-Sol: A partir de ahora, ustedes dos se callan. Hago lo que quiero.

Sin saberlo, con esa última frase, estaba inaugurando un nuevo período en mi vida. Uno muy oscuro.

Día 14 – Tres personajes en busca de un autor

14/07/2009

Durante mucho tiempo me consideré una especie de esquizofrénica inofensiva. Pensaba que tenía algo que ver con la histriónica y compleja personalidad que nos caracteriza los artistas, aunque muchas veces sienta que esa categoría me queda un poco grande. Como sea, había aprendido a convivir con esos seres anónimos que peleaban entre ellos y conmigo. Después conocí a Luna, mi terapeuta, quien tuvo el privilegio de bautizarlos.

-Luna: No, Sol, no estás loca, ni escuchás voces, ni nada de eso. No digas pavadas –me retó antes de rescatar del anonimato a mis fieles compañeros de la vida-. Yo te voy a explicar… el funcionamiento de tu cabecita está bajo el control de tres… llamémoslos personajes.

-Sol: ¿Estoy poseída? –afortunadamente, Luna entendió mi chiste y evitó la famosa repregunta: “¿y por qué pensás que podrías estar poseída?”

-Luna: Escuchá. En tu cabeza conviven el Yo, el Ello y el Superyó. El Ello es puro deseo, quiere hacer lo que quiere, no le importa nada. Pero no podés hacer siempre lo que se te cante, por eso tenés un Superyó, que vendría a ser algo así como un Pepe Grillo muy severo que te pone los límites…

-Sol: A ese hijo de puta lo conozco. Al primero también, pero Ello tiene más onda. Debe ser el que ama las papas fritas… no me queda otra que complacerlo todos los días…

-Luna: Por último, tu Yo está en el medio de Ello y Superyó y hace lo mejor que puede para que no lo vuelvan loco.

-Sol: Ya entendí todo. Los tres me acompañan al supermercado, ponele. Ello me dice con voz persuasiva: “comprá papas fritas, sabés que querés papas fritas, permitítelo”. Pero Superyó retruca: “vas a engordar y deberías gastar tu plata en cosas que te alimenten. Cuando ruedes, andá a llorarle a Ello porque la gente te mira raro cuando usás minifalda y las vendedoras se ríen porque pedís un talle 27”. Entonces, Yo da su veredicto: “ok, ok, chicos, llevamos papas fritas, pero el paquete de $2, que trae la mitad que el de $5 y, encima, es más barato”.

Luna se agarró la cabeza, pero terminó avalando mi explicación. Me dijo que “entendí la esencia del concepto” y yo quedé más que satisfecha.

A las cuatro de la mañana de ese día, fui al baño junto a mi pandilla. Ya habíamos tenido una mini discusión. Resulta que Ello quería seguir durmiendo, pero Superyó insistía con que no era lo mejor para mi organismo esperar. En un acto de suprema voluntad, Yo me destapó y me depositó en el inodoro.

-Superyó: Pst, pst. Despabilate, Sol. Mirá quién está en el bidet.