Posts Tagged ‘Simply Sol’

Bonus Track – Post #100

13/12/2009

¡Albricias! ¡Albricias!

Bueh, 100 posts… un hito en la historia universal de la literatura (?)

El primero que comente “me chupa un huevo”, conocerá el rostro de la autora. Chan.

Tan emocionante como festejar las 100 entradas.

Apúrense, que me arrepiento.

Bonus Track – Nervios y praia

29/11/2009

Chic@s, estoy enloquecida.

Viajo mañana a presentar un trabajo. Digamos que es la presentación más importante nunca jamás (al menos en lo que a mi carrera se refiere).

Estoy en estado de pseudo-pánico y exitación. O sea, totalmente oligofrénica.

Lo bueno, es que después me quedo en la playa unos días para recuperar fuerzas.

Les pido mil disculpas, pero para que se den una idea, mañana a la mañana me tengo que ir a comprar ropa para toda la semana porque no tengo nada limpio para llevar… hasta mallas, porque las estuve usando como ropa interior.

Vuelvo el lunes que viene y, durante mi descanso, intentaré ponerme al día con ustedes.

El panorama es catastrófico, los nervios me carcomen, todo sale mal, después bien, después mal, después bien…

¡Deseenme lo mejor!

Los extraña inifinitamente,

Sol.

Bonus Track – Quasi voltada

05/10/2009

Queridos tod@s,

Muchísimas gracias a todos por sus buenos deseos. Afortunadamente, todo salió mejor de lo esperado. Comí brigadeiro al por mayor, laburé muchísimo y me traje un graaaan pack de Skol, una cerveza a la cual estoy emocionalmente vinculada.

Cuando me fui de viaje, la abuelita de Pola estaba enferma y ella se fue a verla a la provincia donde nació. Lamentablemente, hoy supe que falleció el fin de semana. En este momento, ella se encuentra manejando devuelta y yo tengo un pilón de laburo para entregar el miércoles, día en que Pola y Lucha cumplen años (sí, las dos el mismo día). Más que nunca, necesito apurar el laburo para poder estar con Pola y los suyos, que también son “los míos”.

Les pido un millón de disculpas y prometo compensarlos.

Besos miles,

Sol.

Bonus Track – Cof, cof

09/09/2009

AMISTAD_DE_INTERNET noe[1]

¡Gracias, Inti!

Tengo que responder este cuestionario (si no me sacan el premio, che)

– ¿Por qué te decidiste a tener un blog?

Porque quería ganar premios.

– ¿Cuánto hace que lo tienes?

El tiempo es una variable extraña en este blog.

– ¿Qué sentimientos tuviste a través del mismo?

Frustración, por recibir premios en segundo lugar. Alucinaciones varias y vergüenza.

– ¿Qué es la amistad para vos?

Una piña dada a tiempo, una carta documento gratuita.

– ¿Qué espera de una amistad?

Que se instale en mi casa, me joda la existencia y me dé un argumento para escribir un blog.

Ahora se supone que tengo que darle el premio a otros blogs, pero soy egoísta y no lo comparto con nadie, ¡nadie!

Este premio se lo quiero dedicar…

…a mi madre que acaba de resucitar para felicitarme…

…a Lucha por sus piñas y sus tostaditas…

…a Pola porque tiene onda…

…al mejor amigo del hombre, Benito…

…a Javier, quien seguramente no podrá resistirse a una mujer premiada y volverá a amarme…

…a Inti (espejito rebotín)…

…a Gárgamel, loviú…

…a “Pepita la pistolera” a.k.a. Elvira, porque los stickers de Los Padrinos Mágicos que tiene pegados en su puerta me alivianan los 3 pisos por escalera…

…al Rockstar (pito catalán, pibe, yo tengo un premio y vos nunca vas a ganar el Grammy)…

…al Aquelarre, que accedió a no convertirme en sapo…

…a Ashiku Gadget Holmes…

…a Mely, que me lee desde Rodeo Drive…

…al lector/a que lee desde Netherlands y me muero por saber quién es…

…a alguien de Guatemala que lee y también me mata de intriga…

…a la comentarista que un día me dijo “híjoles” y casi me mata de amorrrr…

…al comentarista masculino favorito que ya no comenta…

…a Alfredo, por haber metido a Gabriel en mi vida involuntariamente, ya que sin su intervención este blog no existiría…

…a Des, por Chococat…

…al creador de Warsteiner…

…a Anac, la comentarista malosa de “La Comprometida” (te doy asilo político acá, para que despilfarres tu encanto)…

…a Maddie, que vive en Uruguay y me prometió un pasaje en Buquebús…

…a Rafa, el pretendiente de Miranda que conquistó mi corazón…

…a Maicol Jackson, por su caminata lunar…

LAST BUT NOT LEAST… a mi mejor amigo Gabriel, que me proveyó este delicioso porro…

Día 22 – Morosos cobrables

29/08/2009

Existen mil formas más elegantes de describir el estado anímico que puede llegar a experimentar una persona, pero el mío ni valía la pena ser descripto en tales términos. Bastaba una sola palabra: horrible. Me sentía horrible. Un tipo había sentido la necesidad de dejarme a mí (¡a mí!) $50. Faltaba que me dijera: “con esto pagate la cena”. A mí, que desde los 18 años trabajo y desde los 20 soy absolutamente independiente. A mí, que tenía más debes que haberes en mis cuentas. A mí, que tenía un fangote de guita para cobrar pero jamás la había reclamado. A mí, que lo último que necesitaba era la pena, la lástima de un extraño.

“¿Qué importa? –pensé-. No le debo explicaciones a nadie. Hago lo que quiero.”

Acto seguido, me compré un kilo de helado de sambayón y una botella de licor de huevo, aunque fuera redundante, sólo porque podía. Obviamente, ordené todo por teléfono, porque no tenía porqué moverme de casa: me-lo-me-re-cí-a. Y si al tipo le parecía que los necesitaba, se equivocaba. Yo podía hacer todo por mí misma y la plata que me había dado me correspondía de cualquier forma.

Una vez que hube rematado los últimos $52 que me quedaban, decidí que tampoco era justo que me debieran plata y, teléfono en mano, comencé a equilibrar mi balance, mi libro diario (sí, soy perito mercantil y –mentira- no tolero que las cuentas no den). Tampoco les debo explicaciones a ustedes, así que, resumiendo, les voy a contar que llamé a cuatro personas. Primero, llamé a la productora y –por esas maravillas que nos regala la vida una vez cada tanto- tenían mi cheque listo hacía dos días. Lo que no entendí fue porqué no me avisaron antes, pero tampoco lo pregunté. Todavía estaba en horario bancario, así que cargué mi celular con la tarjeta de crédito de Lucha y seguí con mis reclamos a morosos vía celular. Tal fue mi éxito que después del banco tenía que pasar por la casa de otro amigo que me debía honorarios y, al día siguiente, tendría que pasar por Western Union a cobrar doscientos dólares que me debía otro amigo que había partido hacia el Viejo Continente y necesitaba fondos de reserva. Respecto a éste último, no me importaba que la semana prometida para el reembolso se hubiera convertido en nueve meses. No. Lo único que me importaba era dejarle saber que no era justo ni siquiera informarle del retraso a la persona que fue tan generosa con él. Pero claro, qué va a entender la gente, ¿no? La gente te chupa la sangre y ni tiene el buen gusto de escupírtela en la cara. Fue por eso que mi cuarto llamado no fue telefónico, sino, de mi habitación al living.

-Sol: ¡Gabrieeeeeeeeeeeeeeeeel! ¡La concha de tu hermana! ¡Vení para acá!

Día 14 – Oh, Señor, ¿no me comprarías un Mercedes Benz?

17/07/2009

“Me lo merezco”, pensé mientras saludaba desde el descapotable que encabezaba un desfile en mi honor, intentando no moverme mucho porque Benito descansaba sobre mi falda. Yo le acariciaba la pancita y únicamente cambiaba de posición para recibir los inmensos ramos de flores que me entregaba la gente que lograba sortear al personal de seguridad que me escoltaba. No lo sabía, pero el pasacalle que rezaba “Salve, oh, Santa Sol, patrona de los felinos”, sería lo último que mis ojos divisaran. Apostado en una ventana, Harvey Lee Oswald se disponía a darme el tiro del final.

-¡Señorita, señorita! ¡Terminó el recorrido!

¿Cuán miserable puede ser la vida cuando te tomás el 106 para ahorrar y te despertás en Liniers? Lamentablemente, los taxistas no aceptan Visa y yo había gastado todos mis honorarios del documental sobre ballenas en la operación de Benito. Resignada y cantando bajito una de Janis Joplin, esperé otro colectivo. No era tan terrible, al fin y al cabo, estaba en la terminal y tenía un asiento asegurado.

El movimiento del colectivo cumplía la función de una confortable mecedora y, para evitar acabar en la otra punta de su recorrido, me dediqué a leer todos y cada uno de los carteles que veía.

-Disculpá, me tengo que bajar –me dijo una extraña.

Cuando me hube incorporado, acepté el pañuelo descartable que ésta me tendía y lo sostuve sin entender muy bien qué hacer con él. Me había vuelto a quedar dormida, pero afortunadamente, esta vez, no me había pasado. Una cara conocida, que no pude identificar espontáneamente, ocupó el asiento de al lado, me sacó el pañuelo de la mano y me limpió la comisura. No reaccioné, no dije palabra alguna, me quedé estática y dejé que hiciera.

-De Apreciación Musical I, ¿te acordás?

Debería haber dicho que no, que me resultaba conocido pero no lo recordaba. En cambio, me apuré a aceptar la oferta que me hizo con dos golpecitos suaves sobre su hombro. Me estaba invitando a regresar al lugar que jamás debería haber abandonado: el maravilloso mundo de los sueños.

-Sol, Sol… tenés que bajarte acá.

Atiné a tocarlo para comprobar que fuera un ser terrenal, pero me limité a agradecerle con una sonrisa borracha de sueño y cansancio.

Como a todas las cosas nuevas, había aprendido a encontrarle cierto encanto a los tres pisos por escalera que separan la calle de mi departamento. Sin embargo, esa tarde, fue como ascender los anillos del infierno de Dante. Eran interminables y, con cada escalón, perdía algo de vida. Una vez frente a la puerta, busqué mis llaves y, cuando estaba por introducirlas, el sonido de algo que se estrellaba contra ella me dejó petrificada.