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Día 26 – ¿Blanca y radiante?

27/12/2009

-Pola: Disculpame que te lo diga así, Lucha, pero Rubén es un pelotudo.

-Lucha: Todo bien… hoy se lo merece.

-Sol: Y, sí. Mirá que llamarlo a Juan…

-Pola: Pobre, porque ni enojado estaba. Estaba como triste. Pero no importa. En realidad, Rubén es lo máximo.

-Sol: ¿Eh?

-Lucha: ¡Juan le propuso casamiento! –mírenla. Ella, la que no quería que nadie se adelantara a su relato, estaba anunciando uno de los grandes momentos de Pola, quien absorta desde su lugar asentía con la cabeza y después se tapaba la cara con las dos manos.

-Sol: ¡¿Qué?! ¡Me muero! –se me estrujó el alma de alegría y no sabía cómo reaccionar, porque mi felicidad contrastaba con la cara de preocupación de Pola. Finalmente, no pude con mi genio y los brazos no me alcanzaban para darle todos los abrazos que quería.

Lucha y yo empezamos a gritar como histéricas. Gabriel vino a ver qué pasaba, pero la noticia le pareció irrelevante y se retiró cabizbajo a seguir con su tarea.

-Sol: Jurame, jurame, jurame que no vas a hacer carnaval carioca, porfa –le supliqué, sin dejar de dar pequeños saltitos abrazada a Lucha.

-Pola: No sé, no sé, no sé… pará, pará –nosotras ya estábamos pensando cómo iba a ser nuestro vestido, recomendándole lugares para ir de luna de miel, pero Pola tenía otras cosas en la cabeza-. Le dije que sí, pero ahora me da miedo.

-Sol: ¿Por? Siempre le reprochabas que no se iban a vivir juntos. Ahora te ofrece casamiento y te da miedo. Estás loca…

-Pola: ¡Es que no sé, Sol!

-Lucha: Es por lo de los hijos, ¿no?

-Pola: Sí. Mirá, jamás pensé que nos íbamos a casar. Pensé que íbamos a vivir juntos para siempre y ya. Obvio que no tengo los mismos derechos siendo concubina…

-Sol: ¡Ay, Pola! ¡Qué importa eso! ¡Te casás! –Lucha y yo volvimos a los alaridos, pero esta vez sonaban bastante forzados y no alcanzaron para contagiar a Pola de nuestra alegría.

-Pola: Es que si ahora se quiere casar, después va a querer tener hijos.

-Sol: Y los van a tener. Vos siempre quisiste adoptar… -entonces, entendí- ¡Ah! Hijos naturales…

-Pola: Técnicamente, os hijos naturales son otra cosa –la miramos molestas. Siempre se esconde detrás de sus tecnicismos de abogada para evitar hablar de lo importante.

Desde que éramos nenas, Pola siempre quiso adoptar. Nos parecía muy noble de su parte y es un gesto que resume toda su generosidad. Con el tiempo, decidió que sólo adoptaría y hace años que lo sostiene. Difícilmente cambie de parecer y, eso, es algo que no sólo enerva a su suegra, es algo que a Juan le duele mucho.

-Sol: ¿Y cómo surgió esto del casamiento?

-Lucha: Rubén –se cruzó de brazos y continuó-. El tarado llamó a Juan para decirle que estábamos con otros chicos.

-Pola: Sí, pero Juan no le dio importancia. Mirá si iba a ir para controlarme…

-Sol: ¿Y por qué fue?

-Pola: Bueno, sí… en realidad, fue por Rubén. Me dijo que cuando Rubén lo llamó para contarle que estábamos con otros tipos, la idea de pensar que podía efectivamente estar con otra persona le hizo un click en la cabeza. Así que cayó de la nada con esta bomba…

-Sol: ¿Qué vas a hacer?

-Lucha: Sí, ¿qué vas a hacer?

-Pola: No sé.

Día 19 – Hablemos mal de los hombres

05/08/2009

Qué otra cosa puede hacer un grupo de chicas con dos amigas recién separadas más que hablar mal de los hombres. Creo que nada. Además, siempre me anima liberar mi costado cínico. A veces pienso que me equivoqué de carrera y que mi verdadera vocación es ser comediante stand-up, porque suelo acaparar la atención en cualquier reunión haciendo chistes sobre algún tema específico. En esta ocasión, los defectos de nuestros novios y ex novios eran la excusa perfecta para brillar a costa de las miserias ajenas. Pero mientras todas hacían catarsis, yo me limité a escuchar sus quejas, ovillada en el sillón y devorando las papas fritas de a veinte, alternando cada ración con una cucharada de helado o un shot de licor de huevo.

-Lucha: Rubén sí levanta la tapa del inodoro, pero lo deja todo mojado. Es un asco.

-Sol: Uy, yo lo hubiera matado a Javi. Por suerte hacía pis sentado. Qué ricas papas fritas –estaba atenta a lo que decían, pero prefería ocupar la boca en cosas otras cosas, como el helado de chocolate amargo con brownies. Total, todas tenían algo para agregar.

-Pola: Yo ya me harté de encontrar “cosas” en el baño de Juan, así que antes de entrar le pregunto si puedo pasar. Él me responde “sí, sí”, pero yo insisto “¿estás seguro?” Se hace el ofendido, me dice que soy una rompebolas, pero siempre se termina disculpando mientras tira la cadena y se tapa la nariz con cara de asco –frunciendo la boca con un gesto de desagrado, agregó-. Además, nunca tiene desodorante de ambiente.

-Sol: L’horreur. Javi regaba todos los días las macetitas de lavanda que teníamos en el baño. Ay… qué lindo el día que paseamos por Palermo buscando esas macetitas decoradas… Pobre Pola, la compadezco –me perdí por un ratito rememorando los besos apasionados que nos dimos en el pasaje Santa Rosa. Por asociación, a los segundos, estaba tarareando bajito una canción de Divididos. Mollo, el cantante, vive con Natalia Oreiro en la mansión que está en ese pasaje.

-Mili: ¡Cuidado, Sol! –se estiró y me sacó el chopp de cerveza que estaba a punto de volcar. Después se acomodó y, adoptando una actitud reflexiva, siguió con el tópico-. En la convivencia se cristalizan problemas que subyacen al hecho de vivir juntos en sí. Muchas veces, fragmentos de la cultura machista incorporadas al inconsciente colectivo argentino se ven reflejadas en pequeños actos que implican cierto ejercicio de poder, el cual…

-Sol: ¿Entendiste, Pola? ¡Se caga en vos! –todas se rieron algo aliviadas. Mili es antropóloga, hippie y profunda. La conocí cuando trabajaba en el call center y, de a poquito, la había incorporado a mi grupo de amigas. Difícilmente una abogada y una dentista entendieran siempre lo que Mili intentaba transmitir y, para mí, era divertido traducirla al castellano-. O sea que, siguiendo tu razonamiento, Mili, Rubén se mearía en Lucha y… -los ojos se me pusieron vidriosos y no terminé la frase para evitar romper en llanto. De haber podido completarla, hubiera sido algo así: “y a mí Javi me rodeaba de flores”.

-Pola: Sí, ¿sabés? A veces pienso eso, se caga en mí. Porque deja cada cosa en el baño… ¡y sabe que voy a ir!

-Lucha: Yo a Rubén lo amenacé con hacer “la gran Bobbit” si no paraba de dejar todo pillado, ¡pero qué le va a importar!

-Mili: Claro, son dos australopitecus –aseveró con toda seguridad.

-Lucha y Pola: ¿Eh?

-Mili: ¡Que son dos animalitos de dios! Por eso yo prefiero estar soltera y que ningún hombre marque territorio con sus excrecencias.

-Sol: Che, no se dan cuenta de que me estoy dando un panzazo. No habrá un tema mejor para hablar… –me levanté y fui hasta el despacho-. Tomen chicas, tiene una efectividad del 50% -le entregué a cada una post it igualito al que le había pegado en la pared del baño a Gabriel.

-Lucha: Igual, yo no lo voy a necesitar. ¡No pienso volver a vivir con él! No puedo vivir con un hombre que no usa hilo dental, no lava un plato y piensa que es divertido tirarse en el piso y hacer ruidos con la espalda sudada.

-Pola: ¡Jajajajaja! ¡Los pedos de espalda! –me miró buscando mi complicidad. En defensa de Rubén, tengo que confesar que la noche en que nos enseñó a Pola y a mí a hacerlos fue muy divertida, aunque Lucha se hubiera ofuscado porque no veíamos la película que habíamos alquilado-. Vos tenés suerte, los tuyos eran de espalda… los de Juan vienen de otro lado…

-Sol: Hmmm… mejor, dejo la comida para otro momento. Me parece que tienen para un buen rato con la cosa escatológica. ¡Uy! ¿Me tomé toda la botella de licor de huevo? –la sacudí y comprobé que había batido mi récord. Pensando en la resaca que tendría al día siguiente, me serví un vaso entero de agua mineral.

-Mili: Qué primate…

-Pola: Sí, para todo. Creo que me voy a unir a ustedes pronto, chicas –nos reímos todas con un dejo de ironía. Sabíamos que Pola jamás dejaría a Juan. Si quería evitar hacernos sentir mal a Lucha y a mí con su noviazgo perfecto, lo estaba logrando-. Estoy cansada de que me diga: “¿hacemos la porquería?”

-Lucha: Y yo de que me llame “culo jugoso”. Encima, a veces lo hace en público. Rubén es eso que dice Mili, un austral-no-sé-qué.

-Sol: Con Javi, la señal era “qué linda estás, cosita”. “Cosita”, esa era la password. O me abrazaba de atrás y me llenaba el cuello de besos… -sufrí pensando en todos los Rubenes y Juanes que me esperaban en mi nueva vida de soltera y empecé a morderme las uñas, un hábito que jamás tuve y que Luna me había dicho que era “autodestructivo”.

-Pola: Ya no se toma la molestia de seducirme. Nada. Ahora es “¿vamos a hacer la porquería?” Y la hacemos, porque el sexo ya se convirtió en una porquería. Me gustaría que me abrazara o me besara un rato largo para tirarme la onda.

-Lucha: ¡Jajajajajaja! ¡Y vos porque estás hace dos años nada más! ¡Ya vas a ver después de diez!

-Pola: No sé si llegaremos a los diez, es un fóbico del compromiso. El otro día le sugerí que fuéramos pensando en alquilar algo juntos y me salió con cualquier excusa. A veces me hace sentir como una de esas minas desesperadas por enganchar a sus novios. Que me dejara un cajón libre fue todo un logro y eso que siempre es él el que insiste para que me quede a dormir…

La sensación de estar hundiéndome, de estar siendo tragada por el sillón, potenciada por el efecto del alcohol, era cada vez más real. Puse un almohadón sobre mi falda y me abracé las piernas flexionadas con los brazos. Busqué algo terrible para decir de Javier y que todas me dieran la razón. Quería minimizar mi pérdida, desdramatizarla, pero lo único que se me ocurrió decir fue lo siguiente:

-Sol: Uf, tenés suerte. Porque Javi estaba obsesionado con comprarnos una casa, que el casamiento, que volviera a vivir con él. Pura presión… que me dejaba elegir el nombre de nuestros hijos y… y… quería tres… yo… yo… ¡yo quería dos! –cuando dejé de gesticular grandilocuentemente, noté que estaba empapada en llanto y las chicas contenían el propio mientras se pasaban la caja de pañuelitos descartables.

-Lucha: Mirá el lado positivo, Sol. Ahora vamos a vivir juntas.

-Pola: Sí, juntas y con… Gabriel.

-Lucha: A ése, dejámelo a mí.