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Día 25 – Dos citas y un exorcismo – Primera cita II

07/11/2009

Ya estaba llegando tarde al recital y pensé que si me apuraba, podía llegar a los últimos temas y ver entonces al Rockstar. Después de darme cuenta de que el control era mío otra vez, acepté ir caminando hasta el evento en compañía de Federico. Travolta me poseyó nuevamente y, sin siquiera intentar disimularlo, comencé a balancear mis brazos y a tararear el soundtrack de “Saturday Night Fever”, mientras interiormente divagaba con la idea de que el “Saturday” era más bien un “Friday” para mí.

Algo interrumpió el aparatoso movimiento de mi cuerpo. Era la mano de Federico que estrechaba la mía, pretendiendo que así recorriéramos la distancia hasta el recital. Toda la música se convirtió en ruido blanco. Algo de toda la situación no me cerraba y, obviamente, era ese gesto tan tierno y afectuoso en una situación que yo había determinado de antemano que no lo sería.

Caminamos en silencio y tomados de la mano no más de diez metros, hasta que un maravilloso objeto se interpuso en mi trayecto: la taza de un auto. Me apuré a soltarme y agarrarla, lanzarla al aire y volver a agarrarla. Me felicité por tener tanto talento para los malabares y agradecí los aplausos de Federico.

-Fede: Deberías dedicarte a hacer malabares en los semáforos –dijo muy convencido antes de reírse e intentar sacarme la taza para volver a darme la mano.

-Sol: Dejámela. Esta taza me va a hacer millonaria, mirá –después de forcejear suavemente, me paré enfrente de los autos que esperaban a que el semáforo cambiara de color e hice mi gracia con la taza. Para mi sorpresa y la de Federico, en dos semáforos hice $20.

Debo confesar que los taxistas son muy generosos y aconsejarle a los que hacen esto como profesión, que el vestido es más efectivo que la cara pintada y la ropa hecha con patchwork.

También debo confesar que me sentí bien, plena. No eran las cervezas que había tomado: era yo misma, sin miedo al ridículo, divirtiéndome de verdad, sintiendo que la gente encontraba en mí ese encanto que siempre me distinguió. La misma espontaneidad que había enamorado a Javier en nuestra primera cita, cuando lo obligué a quedarse hasta la madrugada en una plaza, viendo cómo yo tocaba para todo el mundo, sin siquiera reparar en su presencia.

El sexo en sí, para mí, no es más que otra fuente de placer. Después de vivir mucho tiempo con culpa, creyendo que lo correcto era dejar pasar un determinado tiempo hasta llegar a ese nivel de intimidad, por el solo hecho de pensar que el otro debía sufrir hasta obtener lo que –en realidad- ambos queríamos, como prueba de su real interés en mi persona o de mi valía como mujer, me había dado cuenta de que todos estos rituales de espera, sufrimiento y culpa eran un sinsentido. El sexo no era más que otra fuente de placer: comer, leer un libro, escuchar música, tener relaciones. Si se hace responsablemente, dejándole saber al otro dónde está parado, la función que cumple y el lugar que tiene en tu vida, cuidándose y previniendo consecuencias no deseadas, no es más que eso: un momento en el cual dos personas la pasan bien, propinándose afecto o entregándose al más primitivo de los impulsos.

Al quitarle toda la carga moral y no dejar que la sociedad y sus imperativos se interpusieran entre mi deseo y su concreción, aprendí a disfrutar verdaderamente. No sólo en aquellas relaciones esporádicas, casuales, sino en aquellas otras que encierran un profundo amor y una promesa de futuro cierta.

Pero éste no fue el descubrimiento más importante que hice. Esto no era más que una pista que me iba a llevar a la esencia de la cuestión: la elección.

Cuando ocurrió lo de Ramiro, por momentos, sentí culpa y hasta bronca por Javier. Sentía que él me había obligado tácitamente, me había puesto en la situación de estar con otra persona. Pensaba que si él hubiera venido con el ramo de flores antes, jamás hubiera pasado algo “tan terrible” como que yo pudiera estar con otra persona como si nada cuando nuestra separación todavía era reciente. Sin embargo, yo había cumplido con todos los mandatos sociales: estaba soltera, ya no vivía con mi novio y era libre de hacer lo que quisiera. Pero tenía otra obligación y no era para con nadie más que para conmigo misma. El haber estado con Ramiro no había cambiado ni un ápice de lo que yo sentía por Javier. Era una sensación rara y completamente novedosa: ¿cómo podía haber estado con alguien y que no significara nada más que un momento de placer que no influía en lo más mínimo en lo que sentía por otra persona? Me habían enseñado que amar a una persona no es decirle que “sí” a ella, sino decirle “no” al resto. En esa elección también se escondería la fidelidad. Sin embargo, yo no estaba siendo infiel, porque estaba soltera. Ahí me di cuenta de que a los mandatos sociales no sólo había que alejarlos de la cama, sino de las elecciones. Jamás dejé de elegir a Javier y, por más que tuviera todas las credenciales de inocencia y libre culpa, esa elección conlleva una responsabilidad y consecuencias. Lo que yo había hecho no tenía nada de malo, no era incorrecto, no era moralmente sancionable, pero podía herir a quien yo amaba. Seguir sintiendo lo mismo por Javier, también tenía que implicar demostrarlo del mismo modo. Hay quienes nos quieren y hay quienes nos quieren bien. Elegir a Javier también implicaba evitar hacer cualquier cosa que pudiera lastimarlo. Eso sería quererlo bien.

Yo sabía que podía llevar a Federico a mi casa, sabía que eso no cambiaría en nada lo que yo sentía por Javi, que estaba soltera y la mar en coche. Pero ahora también sabía que algo así podía lastimarlo y eso era lo último que quería hacer. Aunque no me respondiera los mails, aunque no me hablara, aunque me hubiera dicho que nuestra relación se había acabado y para mí un momento con Federico no fuera más que un espacio de placer instantáneo y perecedero, la cuestión ya no se dirimía en el ámbito de lo que está bien o lo que está mal.

Supe que era el momento de huir.

-Superyó: Con el último aliento no etílico que me queda, te recomiendo que huyas ya. Yo ya no soy responsable por lo que hagas. ¡Hic!

-Ello: ¡Ay, sí! ¡Qué divertido! ¡Vámonos al recital!

-Sol: Dishculpame, Fererico… pero lo nuestro nou puede zer… ¡hic! –dije antes de apoyar la taza en el asfalto y abordar el taxi de uno de los espectadores de mi maravilloso show.

Federico se quedó en su lugar, saludando con la mano alzada y una sonrisa de satisfacción. “Mañana te llamo”, alcancé a oir mientras me alejaba de él y me acercaba al que sería el papelón de mi vida.

Día 24 – De manual

09/10/2009

Histérica #1

Aprovechando que Gabriel también había salido, me apoderé de su PlayStation y me dediqué a matar monstruos en el Obscure II. No hay nada más liberador que insultar a los mutantes y gritar “¡tomá, tomá!”, mientras se aprietan violentamente todos los botones de un joystick ajeno, hasta matar a Friedman, el maloso del jueguito.

Con tal de que Gabriel se fuera, accedí a cambiarle el pañal a Benito y ya iba siendo hora de que lo hiciera. También le tenía que dar la medicación, pero no recordaba cuál. Gabriel me había dicho: “la del frasco azul”, pero los de ese color eran dos. Después de meditarlo unos segundos, decidí llamar a Federico. Además, quería aprovechar para agradecerle por los $50 y convenir cómo devolvérselos.

En realidad, debería confesar que, en lo más profundo de mis miserias histérico-narcisistas, también, quería hablar con él porque había notado que se había fijado en mí y sabía que me lo iba a dejar saber de algún modo. Y así fue que terminé sabiendo cuál frasco era el correcto y con una cita al día siguiente, viernes, para hacerle entrega del dinero.

Todavía no estaba lista para nada nuevo: lo de Javi había ocurrido hacía unos días y era en lo único que podía pensar, pero me agradaba ser para alguien todo lo perfecta que no era para él. Sabía que si me quería levantar, todos serían halagos, explícitos o implícitos, no importaba. Solamente quería verme a través de los ojos de un tipo a quien le había gustado, a pesar de no tener ni $50 para pagar sus servicios veterinarios a domicilio, aún sabiendo de antemano que era inconducente, que nada sucedería, porque así lo había decidido yo. Para asegurarme de que la cita no se extendiera, le expliqué que después tenía que ir a un recital y, sin darme cuenta, me estaba confirmando a mí misma que iba a acceder a la invitación del Rockstar, otro buitre que me arrastraba el ala.

Apenas corté con Federico, corrí al placard, saqué todos mis vestidos y, después de desfilarlos frente al espejo, me decidí por uno que suele impedirle a los hombres hablarme mirándome a los ojos. Tenía plena consciencia de ello y me divertía imaginarme diciéndole a los interesados: “no, te equivocaste, sólo vine a devolverte la plata” o “no, nada que ver, vine a tu recital porque necesitaba pedirte un favor para un amigo”.

-Ello: ¡Esa es mi chica!

-Superyó: No sé… no me parece…

-Sol: Callate. Mañana me voy de joda con Ello y vos te quedás tomando mates abajo del perejil, ¿me escuchaste?

-Superyó: ¡Histérica!

-Ello: Nah… ¡son rumores!

-Sol y Ello (al unísono): ¡Muejejejejeje!

Me estaba riendo de mí misma, probando diferentes peinados frente al espejo, cuando escucho que la puerta se cierra con una violencia inédita.

Histérica #2

-Lucha: ¡AAAAAAAAAAARRRRRRRRRRGGGGGGGGGGGHHHHHHHHHHH! –aulló antes de tirar la cartera con furia contra la pared- ¡Pitufresa! ¡De pitufresa! ¡Pitufresa! –repetía a los alaridos mientras golpeaba repetidamente el piso con sus tacos, como bailando un malambo- ¡Pidió helado de pitufresa!

Día 23 – Dra. Strangelove

28/09/2009

Benito me recibió con las patitas abiertas, ronroneando. Su pañalito y sus ojitos suplicantes me pudieron. Lo acomodé sobre mi falda y empecé a elucubrar los próximos pasos del plan, tomando unos mates en la cocina. Cuando caí en la cuenta de que estaba calculando con lujo de detalles todo lo que tenía que hacer, mientras acariciaba de punta a punta el lomo del felino, me toqué el brazo para comprobar que no me había convertido en el Doctor Garra. Afortunadamente, nada de eso había ocurrido. Desafortunadamente, aquella sensación despertó a La Pandilla.

Superyó: ¿Estás segura de lo que vas a hacer?

-Ello: ¿Le dejaste todo a Luna? Fumémonos otro porro.

-Yo: A mí me parece racional, chicos. Pongámoslo así: Lucha se arregla con Rubén, nosotros nos sacamos de encima a Gabriel, enmendamos sus errores y todos contentos.

-Superyó: Es verdad.

-Ello: Sí, es verdad. Y después nos fumamos un porro.

-Yo: Listo.

-Sol: ¡Me van a hacer llorar de la emoción! ¡Al fin están todos de acuerdo! ¡No lo puedo creer!

-Ello: ¡Esto se merece un brindis!

-Superyó: Bueh, bueh, tampoco te hagas el vivo. Primero, lo primero.

-Yo: Sí, dale.

Aunque Benito insistiera con maullidos y revuelcos para que lo siguiera mimando, tuve que hacer caso omiso a sus ojitos lastimosos y, después de dejarlo sobre la silla, fui hasta el living y teléfono en mano, puse en marcha la primera fase de mi plan.

-Sol: Hola, Rubén.

-Rubén: No me digas nada. No la aguantás más. ¿Viste? Es una dictadora de la limpieza y el orden… ¿tanto le cuesta pasarle un pedacito de papel al asiento del inodoro? –evidentemente, iba a ser más difícil de lo que pensaba- ¿Cuándo vuelve?

-Sol: Justamente por eso te llamaba, Rubén. No-va-a-vol-ver. Lucha está planeando largar alguna cátedra, atender a más pacientes particulares y juntar plata para mudarse sola a fin de año.

-Rubén: ¡¿Qué?! –touché, pensé.

-Sol: Lo que escuchás. Está enojadísima con vos y, a decir verdad, tiene razón.

-Rubén: ¡Pero si nadie la va a querer como yo! ¡Estamos juntos hace diez años! ¡No se va a ir a vivir sola nada!

-Sol: Revisa los clasificados todos los días, Rubén… -mentí, pero el fin justificaba los medios.

-Rubén: No, no, no. No puede ser… -me respondió incrédulo, con voz entrecortada-. No puede ser, Sol. Luchita, “oshita”, culo jugoso… Me tenés que ayudar. No la puedo perder.

-Sol: Por eso te llamaba. Yo te voy a ayudar, pero vos tenés que hacer todo lo que te diga, eh.

-Rubén: Lo que quieras, Solcito. Si pierdo a “osha” me muero. Yo sé que a veces soy desconsiderado…

-Sol: ¿A veces?

-Rubén: Sí, a veces. Mirá, antes de que se fuera, le compré unos guantes de hule geniales para que limpie y hasta le compré una escoba nueva.

-Sol: Sos un caso perdido, Rubén –le dije resignada.

-Rubén: ¡Pero si era uno de esos escobillones gigantes! Estuve re inteligente… ¡con ése barría toda la casa en media hora!

-Sol: Callate y escuchame que en cualquier momento llega. Anotá la dirección exacta de mi casa…

-Rubén: Sí, sí. Lo que digas.

Después de darle el resto de las instrucciones, nos despedimos.

-Superyó: Ahora me siento bien: estamos haciendo algo bueno por Luchita.

-Ello: ¿Podemos brindar?

-Yo: Hmmm… ¡y daaaaaaaale!

-Sol: ¡Salud!

Levanté mi porrón en soledad, satisfecha. No podía fallar.

¿No?

Día 21 – Con la frente marchita

15/08/2009

-Superyó: ¿En serio vas a robar?

-Sol: El que le roba a un ladrón… -pensé justificándome- es en concepto de alquiler, daños, destrozos y la operación de Benito.

-Ello: ¡Vamos! No conocemos Ecuador. De última, si Javi nos da vuelta la cara nos tomamos unas lindas vacaciones.

-Superyó: Siempre el mismo vos, eh. Siempre de farra, siempre haciendo lo que quiere, ¡egoísta! Javier pidió que lo respetáramos. Además, un poco de dignidad, che. ¿Qué es eso de andar corriendo a un tipo que nos dejó y no nos quiere hablar? Aparte, nos tenemos que poner a trabajar de una buena vez.

-Ello: No es un tipo, tarado. Es el tipo que amamos. ¡Vamos a las Galápagos!

-Yo: Seamos racionales. No tenemos un mango, pero Javier se va a ir y tendríamos que hacer algo. Lo mejor sería dejar pasar un poco el tiempo, enfocarnos en el trabajo y, en todo caso, llamarlo.

-Sol: Chicos, tengo miedo. Si no insisto y lo respeto, puede llegar a pensar que no me importa, que ya cerré la historia. Pero Superyó tiene razón, Javi me pidió compromiso. Tengo que demostrarle que puedo ser responsable y hacer las cosas bien a mi manera. Voy a componer la mejor música incidental de un largo nunca jamás hecha, voy a ganar premios, la prensa me va a aclamar, voy a aparecer toda diva en el BAFICI y Javier se va a morir de amor, me va a venir a buscar, yo me voy a hacer la difícil, pero después voy a aceptar, aunque tenga que rechazar a Tarantino que justo va a ser juez del Festival y…

-Superyó: Paráááá, que se te va a derramar la leche, tontita. Primero lo primero. ¡A trabajar!

Día 16 – Time, Love, Fate

28/07/2009

-“Usted se ha comunicado con la casilla de mensajes de… ‘Javier’. Después de la señal, deje su mensaje.”

¡Beeeeeeeeeeeeeeeeeeep!

#1: “Hola Javier, habla Sol. Por favor, llamame.”

#2: “Hola Javi, ¿cómo estás? ¿Me llamás? Besos.”

#3: “Hola, mi amor. Te llamé un par de veces. Necesito hablar con vos. Llamame. Besitos y abrazos.”

#4: “Hola, Javi, mi amor. ¿Me llamás? Por favor, hablemos. Atendeme y charlemos. Besos.”

#5: “Hola, Javi, mi vida, cielo. Por favor te lo pido… atendeme, hablemos… solucionemos esto… estoy destrozada. Te extraño.”

#6: “Javi… ¡Bwwwwwwwwwwwaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! Perdoname. Al menos, hablemos. Dejame explicarte lo que pasó, por favor. Te amo. ¡Bwwwwwwwaaaaaaaaaa!”

-“La casilla de mensajes de… ‘Javier’ está llena. Gracias por utilizar los servicios de…”

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-“Hola te comunicaste con la casa de Javier. Después de la señal, dejame tu mensaje y te llamo a la brevedad.”

#1: Hola, snif, ¿Javi? ¿Estás por ahí? Atendeme, por favor… ¡bwaaaaaaaaaaaaa!

-“El teléfono al que está tratando de llamar se encuentra temporalmente inhabilitado. Gracias por utilizar los servicios de…”

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“Hola Javi, pf, llamame a ksa o cel. T xtraño. TQM. TA.”

“PF, hablame. Toy trist. Prdonam, d vrdad.”

-“Mensaje no enviado”

-Sol: ¿Habrá bloqueado mi número?

-Superyó: Rogale.

-Ello: ¡Salgamos de noche loca! ¡un clavo saca a otro clavo!

-Sol: Ya les dije que hago lo que quiero. ¡Cállense!

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From: sols@gmail.com
To: javiamordemividadondeestasquenomerespondes@hotmail.com
Subject: Hola

Hola Javi,

Sé que estuve mal, pero ojalá puedas entender lo que sentí en ese momento, cuando me fui. Había estado dos días seguidos sin dormir y volví a sentir que te decepcionaba… estoy tratando de reponerme y lo mucho que mejoré desde que vivimos separados fue porque quiero sentirme mejor para poder recuperar nuestra relación, tal como nos propusimos.

Entiendo que estés enojado conmigo y, si éste es el final, quiero que tengamos la posibilidad de cerrar lo nuestro de otro modo. Si hay algo que me duele más que perderte, es pensar que me odiás, que estás enojado conmigo y lo vas a estar para siempre.

No me imagino la vida sin vos, mi amor. Yo tampoco dejé de pensar en nuestros proyectos. Nunca. Todavía escucho “Three is a Magic Number” y lloro al imaginarme embarazada de vos, formando nuestra familia. A mí ya no me queda mucha y te elegí para formar una propia. Te sigo eligiendo, te sigo queriendo como el primer día. La esencia mi amor sigue intacta.

Te adoro, Javi. Sé que puedo vivir sin vos… pero no quiero. Los dos estamos cansados y venimos peleando por cosas que, comparadas al amor que nos tenemos, son tan mínimas como absurdas.

Quiero recuperar lo que teníamos, que volvamos a ser un equipo e inventemos más pasitos de baile. Que me tortures con los dos acordes que aprendiste en la guitarra cuando me querías levantar, ¿te acordás? Que planifiquemos vacaciones… prepararte el café con leche como te gusta (tres de azúcar, una de café, sin agua, con leche), el puré con nuez moscada y que pasemos las noches en la hamaca paraguaya, escuchando música y tomando vino tinto.

Prometo respetar tus tiempos y tus decisiones, pero… por favor, no me ignores.

Te amo.

Besos miles, millones.

Solcito.

From: javiamordemividadondeestasquenomerespondes@hotmail.com
To: sols@gmail.com
Subject: Re: Hola

Sol:

Ya tomé mi decisión. Por favor, no lo hagas más difícil. También estoy destrozado, pero creo que va a ser lo mejor para los dos. Respetame.

No te odio. Nunca te voy a poder odiar.

Te adoro.

Javi.

Día 15 – El lado oscuro del sol

25/07/2009

Entreabrí los ojos, miré por la ventana y, como era de noche, seguí durmiendo. La cabeza me explotaba. O mi cráneo se había encogido o mi cerebro había crecido estimulado por el alcohol, pero no me interesaba develar tal misterio. Lo único que quería era compensar dos noches en vela, pero una terrible pesadilla no me permitiría hacerlo. En mis sueños, yo estaba sentada al costado de una ruta y ningún auto paraba aunque le mostrara las piernas o el escote. Siempre fueron mis atributos más seductores, por eso no entendía la ineficacia de su exhibición. Justo cuando descubría que mis pechos habían desaparecido y que mis piernas parecían un mapa físico político color de tantas várices que tenían, me desperté. Todavía era de noche y ya no iba a poder conciliar el sueño.

Me cepillé los dientes y después de enjuagarlos, empecé a tomar agua de la canilla de una forma desesperada. En la cocina, el reloj marcaba las once de la noche. Entendí que no era de madrugada, sino que había dormido desde las seis de la mañana hasta esa hora, pero el tiempo había pasado como un suspiro. Puse la pava y prendí un cigarrillo. Me senté en la mesada a esperar que el agua se calentara y vi una nota sobre la mesa. Cuando distinguí la caligrafía de Gabriel sentí que mi pierna se erguía y la planta del pie me avisaba que otro calambre estaba por venir. Antes de leer lo que decía me comí una banana preventiva, pero ni todo el potasio del mundo iba a evitar lo inevitable.

“Javier te llamó 15 veces, pero me pidió que no te despertara. Gabriel. P.D.: GRACIAS POR DESPERTARME A LAS 5 DE LA MAÑANA. LINDA SERENATA.”

Me senté en el piso y estiré la pierna hasta lograr que el calambre se fuera. Me sentía miserable, vacía. La voz de Javier pidiéndome que volviéramos a vivir juntos me torturaba y la constante imagen de su llanto despertó a toda la pandilla.

-Superyó: Deberías haber puesto el despertador y llamarlo temprano. Estaba llorando y lo dejaste así. El te bancó en todas, siempre estuvo con vos. Tenés el mejor novio del mundo y lo tratás así.

-Ello: Volvamos a dormir, che. Se me parte la cabeza, quiero descansar.

-Superyó: Callate Ello, vos sabés que si no arreglamos esto antes de ir a la cama no vamos a poder dormir.

-Ello: Necesito una cerveza… eso nos va a relajar a todos.

-Yo: Necesitamos descansar, necesitamos una cerveza, pero por sobre todas las cosas necesitamos arreglar las cosas con Javier. Agarrá el teléfono, Sol.

-Sol: Ok, ok. Denme un minuto para pensar.

Con Javier habíamos decidido que lo mejor era vivir separados un tiempo, arreglar las cosas y después retomar nuestro gran proyecto: comprar una casa enorme en Colegiales, donde pudiéramos pasar el día entero sin vernos la cara y que la convivencia no volviera a erosionar nuestra relación. Él me hablaba de nuestros proyectos futuros, yo le hablaba de nuestro presente. Él me hablaba de una casa, yo le pedía que me invitara a salir. Él me hablaba de convivencia, casamiento e hijos, casi sin registrar que hacía seis meses que ya no vivíamos juntos, dejando de lado los motivos que me llevaron a irme envuelta en un mar de lágrimas. Como dice Pedro Aznar, Javier siempre está sufriendo por lo que no hay. Cuando nos fuimos de viaje a Centroamérica solía despertarse a la mitad de la noche con algún movimiento brusco. Lo abrazaba y le preguntaba qué le pasaba y él siempre me respondía lo mismo: “con la plata que gastamos en este viaje podría haber cambiado el auto”. Cuando finalmente cambió el auto y le tocó planificar su primera vacación sin mí, su queja constante era que, como se había comprado el auto, tenía poca plata para viajar. A medida que nuestra relación se consolidaba, Javier comenzó a aplicar la regla de la insatisfacción absoluta conmigo. Si le preparaba papas bravas me decía que a él le gustaba el puré y, cuando se lo hacía, me reclamaba que no cocinaba platos elaborados. Para una persona tan exigente y perfeccionista como yo es una tortura vivir con alguien que jamás va a estar completamente satisfecho con nada.

Cuando en medio de nuestra discusión me reclamó que no estaba comprometida con nuestro proyecto, volví a experimentar esa sensación. Tanto Javier como yo tenemos la fortuna de tener una propiedad, algo que hoy por hoy es un gran privilegio. Ambos trabajamos de lo que estudiamos y nos va bien. Pero él quiere más, siempre quiere más y la frustración de no poder complacerlo, de no ser perfecta para él, me destroza el alma.

Una vez me dijeron que en una relación, inevitablemente, siempre van a haber dos o tres cosas que te van a molestar y que jamás vas a poder cambiar. El secreto está en aprender a vivir con ellas o saber dejar la relación. Siempre opté por lo primero, porque para mí no existe la vida sin él, no es una posibilidad. Así que, después de tanto meditar, decidí llamarlo.

-Sol: Hola, Javi. Quería que me disculparas por lo de ayer. Sé que… -me interrumpió con una voz seca, distante.

-Javier: No importa, Sol. Yo no te llamé por eso –estaba feliz, pensaba que había dejado todo de lado, pero no fue así-. Te llamé para saber cuándo podía pasar a buscar mi campera. Vos y yo no tenemos más de qué hablar.

-Sol: ¿Qué me estás queriendo decir? –cerré los ojos con fuerza y recé por no escuchar lo que iba a escuchar dos segundos después.

-Javier: Que no tenemos nada más que hablar. Se terminó. Me agoté. Paso mañana. Chau.

Lo llamé mil veces a su casa y un millón de veces al celular, pero nunca atendió.

-Ello: ¿Nos podemos ir a la cama ahora?

-Superyó: No vamos a poder dormir, tarado. ¿No ves que Sol arruinó todo?

-Sol: A partir de ahora, ustedes dos se callan. Hago lo que quiero.

Sin saberlo, con esa última frase, estaba inaugurando un nuevo período en mi vida. Uno muy oscuro.

Día 14 – Tres personajes en busca de un autor

14/07/2009

Durante mucho tiempo me consideré una especie de esquizofrénica inofensiva. Pensaba que tenía algo que ver con la histriónica y compleja personalidad que nos caracteriza los artistas, aunque muchas veces sienta que esa categoría me queda un poco grande. Como sea, había aprendido a convivir con esos seres anónimos que peleaban entre ellos y conmigo. Después conocí a Luna, mi terapeuta, quien tuvo el privilegio de bautizarlos.

-Luna: No, Sol, no estás loca, ni escuchás voces, ni nada de eso. No digas pavadas –me retó antes de rescatar del anonimato a mis fieles compañeros de la vida-. Yo te voy a explicar… el funcionamiento de tu cabecita está bajo el control de tres… llamémoslos personajes.

-Sol: ¿Estoy poseída? –afortunadamente, Luna entendió mi chiste y evitó la famosa repregunta: “¿y por qué pensás que podrías estar poseída?”

-Luna: Escuchá. En tu cabeza conviven el Yo, el Ello y el Superyó. El Ello es puro deseo, quiere hacer lo que quiere, no le importa nada. Pero no podés hacer siempre lo que se te cante, por eso tenés un Superyó, que vendría a ser algo así como un Pepe Grillo muy severo que te pone los límites…

-Sol: A ese hijo de puta lo conozco. Al primero también, pero Ello tiene más onda. Debe ser el que ama las papas fritas… no me queda otra que complacerlo todos los días…

-Luna: Por último, tu Yo está en el medio de Ello y Superyó y hace lo mejor que puede para que no lo vuelvan loco.

-Sol: Ya entendí todo. Los tres me acompañan al supermercado, ponele. Ello me dice con voz persuasiva: “comprá papas fritas, sabés que querés papas fritas, permitítelo”. Pero Superyó retruca: “vas a engordar y deberías gastar tu plata en cosas que te alimenten. Cuando ruedes, andá a llorarle a Ello porque la gente te mira raro cuando usás minifalda y las vendedoras se ríen porque pedís un talle 27”. Entonces, Yo da su veredicto: “ok, ok, chicos, llevamos papas fritas, pero el paquete de $2, que trae la mitad que el de $5 y, encima, es más barato”.

Luna se agarró la cabeza, pero terminó avalando mi explicación. Me dijo que “entendí la esencia del concepto” y yo quedé más que satisfecha.

A las cuatro de la mañana de ese día, fui al baño junto a mi pandilla. Ya habíamos tenido una mini discusión. Resulta que Ello quería seguir durmiendo, pero Superyó insistía con que no era lo mejor para mi organismo esperar. En un acto de suprema voluntad, Yo me destapó y me depositó en el inodoro.

-Superyó: Pst, pst. Despabilate, Sol. Mirá quién está en el bidet.