Archive for the ‘La pandilla’ Category

Día 29 – In the Meantime

21/01/2010

-Ello: Qué bien, qué bien, Solcito. Ya era hora de que te avivaras: no-sos-Flanders.

-Sol: Es verdad. No lo soy y no tengo ninguna obligación de serlo. Menos con este ímbecil a rosca. Lo que no entiendo, realmente, es por qué hizo algo así. Digo… siempre fui buena con él. De hecho, así lo conocí…

-Superyó: Es lo que corresponde. ¿Vos hacés cosas buenas esperando algo a cambio?

-Yo: No creo que sea el caso, Superyó. No se trata de esperar algo a cambio, sino de mera reciprocidad.

-Superyó: ¡Pero yo quiero que nos construyan un monolito! Ehhh… ¿cómo sería un monolito de nosotros?

-Sol: ¿Una mujer de cuatro cabezas? Qué deforme –pensé antes de imaginarnos convertidos en una especie de medusa de bronce, toda cagada por palomas y grafiteada con frases tipo “Ramón Gato Pardo”, “Boca puto”, “Aguante Caballito”.

-Yo: Si fuera por vos, Superyó, más que en monolito, nos convertiríamos en la estatua del Príncipe Feliz y vos serías el pájaro que no migra para donar todas sus partes, sólo para darse cuenta que con su sacrificio no cambiaron nada sustancial de este mundo de mierda.

-Ello: Estoy muy movilizado, muy. No voy a poder disfrutar de nada hasta que no tomemos una decisión. Meditémoslo con una cerveza.

Salí al balcón a buscar algo de ropa limpia para cambiarme y me distraje viendo al vecino de la casa de enfrente que suele practicar algún arte marcial en la terraza. Siempre me divierte verlo pegándole a la pared o dando saltitos para esquivar a un oponente imaginario. Cada vez que lo veo, me juro que la próxima vez lo voy a filmar, le voy a poner de fondo la música de Rocky y lo voy a subir a YouTube, pero nunca lo hago.

Agazapada para que el tipo no pudiera verme en ropa interior, me reía bajito e intercalaba el tarareo del soundtrack de Rocky con frases como “Adriaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaan”, hasta que el sonido de unas llaves tratando de abrir la puerta me interrumpió. Recordé que había dejado mi llave puesta y que en ese momento odiaba al mundo.

-Yo: De Gabriel nos ocupamos después. Dejalo entrar.

-Sol: Ok, ok.

Me puse lo primero que encontré en el tender y corrí a abrirle a Gabriel que estaba a punto de tirar la puerta abajo.

-Gabriel: ¡Abrime, Sol! –gritaba desesperado, mientras yo me debatía entre el bien y el mal-. Qué mina pelotuda –escuché que susurraba y la lucha la empezó a ganar el diablo que me hablaba al oído.

-Lore: Pobre Sol. Tal vez necesite un momento de intimidad. No la está pasando bien… vamos a tomar algo por ahí –conozco a Lorena desde los cinco años, sabía que lo decía sinceramente. Me quedé en silencio unos segundos y escuché que le proponía a Gabriel:- Vayamos a tomar un café a Bonafide y, de paso, le reponemos el café que te tomaste.

Tuve que contener el impulso que sentí de abrir la puerta y darle un abrazo. Después de todo, todavía tenía que hacerla sufrir un poco más por andar con ese cocoliche, así que me limité a abrir la puerta, darles un beso y salir, sin saberlo, al encuentro de una megaestrella.

Día 25 – Dos citas y un exorcismo – Primera cita

14/10/2009

Todo está bajo control. Sabés qué decir, cuándo decirlo y el efecto que va a provocar. Caminás como Travolta, balanceando los brazos al ritmo de alguna canción que tarareás y los Bee Gees te hacen los coros. Sentís que estás surfeando la cresta de la ola hasta que, de pronto, el tsunami. Entonces, tu metro setenta y cinco se convierte en uno veinte, tu gesto de orgullo se empapa de arrebol y tu elocuencia se transforma en balbuceo.

-Sol: ¿Vamos? Yo invito, yo cobré mis deudas y… -me solté y, enseguida, agarré la cartera.

-Federico: ¿Y? –me preguntó como si nada hubiera ocurrido.

-Sol: Y yo, ya debería irme… porque… yo… porque…

-Federico: Tenés que ir al recital, recién te peleaste con tu novio y pensaste que no me iba a animar, ¿no?

-Superyó: ¡Histérica!

-Sol: ¡Callate, idiota! ¡Si fuera histérica no le hubiera correspondido el beso!

-Superyó: Ay, nena…

-Sol: ¡Confesá! Están complotados.

-Superyó: Lucha te lo avisó, no la escuchaste y ahora te querés escapar.

-Ello: No me digas que te querés escapar, Solcito… ¡si fue tan lindo! Hace tanto que no teníamos un primer beso.

-Yo: Esta situación se nos fue de control, nos equivocamos y, que quede claro, no huimos: nos retiramos con elegancia. Cuando Javi vuelva, queremos hablar con él y arreglar las cosas, así que dejemos de lado estas taradeces. Nosotros no somos así.

-Sol: Yo no soy así. Normalmente, no soy así. Te explico –traté de impostar un poco de seguridad y me sinceré-. Pasa lo siguiente… yo me di cuenta de que te fijabas en mí y me pareció divertido salir a tomar algo con vos y pensé que…

-Federico: Que no me iba a animar. Lo sé –sonrió satisfecho y envolvió con ambas manos las mías.

-Sol: Fede, ¿qué carajo me viste? Soy un desastre. ¿Vos viste mi casa? –la seriedad con la que formulaba mis preguntas no se correspondía con el gesto burlón de mi interlocutor, lo cual me desesperaba-. ¿Te acordás cuando llevé a Benito a la clínica?, ¿te acordás de que estaba en pijama? ¡Me tuviste que dejar $50 por caridad! Creo que hasta soy un poquito más alta que vos.

-Federico: Nah, mido un metro ochenta –no sé por qué, pero todos los hombres viven convencidos de medir de cinco a diez centímetros más de lo que miden en realidad-. Y sos divertida, cantás lindo y untás las tostadas como nadie.

-Sol: Mirá, la verdad es que yo vine en plan de histérica y…

-Federico: Obvio –me interrumpió mientras apretaba suavemente mis manos-. Me di cuenta enseguida. “¿Hola, Fede? ¿Qué remedio tiene que tomar Benito?” –dijo con voz finita, imitándome-. Pero si te molestás en histeriquearme es porque te gusto.

-Sol: La verdad, cualquiera me venía bien. Estabas fácil, a mano… yo debería estar agradecida con vos y…

-Federico: Y pensaste que no me iba a animar. Bueno, me animé. Te di un beso, me correspondiste y te voy a llamar mañana para saber cómo estás e invitarte a salir en la semana.

De algún lugar recóndito de mi memoria de soltera saqué mi speech de mujer frontal y honesta y le dije que no iba a aceptar de ningún modo, que él no se merecía que yo lo tratara como a un “tipito” más y que diera por sentado que así iba a ser si lo seguía viendo. Creo que no le importó mucho, porque interrumpió todas mis promesas y aseveraciones con un nuevo beso, me invitó otra cerveza y yo accedí.

En aquel momento pensé que, habiendo sido absolutamente honesta con él, habiéndole dejado saber con quién, para qué y dónde estaba, podía relajarme y empezar a disfrutar. Estando en Antares, disfrutar es pedir otra porción de papas fritas y probar todas las variedades de cerveza que ofrece la extensa carta.

-Superyó: ¡Hic! Hacé lo que quierash, Shol. You me vo’a normir… ¡hic!

-Ello: ¡Invitémoshlo a casha! ¡Shí! ¡Hic! Total… después le pedimos que ze convierrrta en picsa. ¡Burp!

-Yo: Qué más da… mejor, ashí entiende que ez un tipitou… ¡hic!

-Sol: Hmmm… está tan fáshil… ¡hic! ¿Lo invito o no lo invito?

Día 23 – Dra. Strangelove

28/09/2009

Benito me recibió con las patitas abiertas, ronroneando. Su pañalito y sus ojitos suplicantes me pudieron. Lo acomodé sobre mi falda y empecé a elucubrar los próximos pasos del plan, tomando unos mates en la cocina. Cuando caí en la cuenta de que estaba calculando con lujo de detalles todo lo que tenía que hacer, mientras acariciaba de punta a punta el lomo del felino, me toqué el brazo para comprobar que no me había convertido en el Doctor Garra. Afortunadamente, nada de eso había ocurrido. Desafortunadamente, aquella sensación despertó a La Pandilla.

Superyó: ¿Estás segura de lo que vas a hacer?

-Ello: ¿Le dejaste todo a Luna? Fumémonos otro porro.

-Yo: A mí me parece racional, chicos. Pongámoslo así: Lucha se arregla con Rubén, nosotros nos sacamos de encima a Gabriel, enmendamos sus errores y todos contentos.

-Superyó: Es verdad.

-Ello: Sí, es verdad. Y después nos fumamos un porro.

-Yo: Listo.

-Sol: ¡Me van a hacer llorar de la emoción! ¡Al fin están todos de acuerdo! ¡No lo puedo creer!

-Ello: ¡Esto se merece un brindis!

-Superyó: Bueh, bueh, tampoco te hagas el vivo. Primero, lo primero.

-Yo: Sí, dale.

Aunque Benito insistiera con maullidos y revuelcos para que lo siguiera mimando, tuve que hacer caso omiso a sus ojitos lastimosos y, después de dejarlo sobre la silla, fui hasta el living y teléfono en mano, puse en marcha la primera fase de mi plan.

-Sol: Hola, Rubén.

-Rubén: No me digas nada. No la aguantás más. ¿Viste? Es una dictadora de la limpieza y el orden… ¿tanto le cuesta pasarle un pedacito de papel al asiento del inodoro? –evidentemente, iba a ser más difícil de lo que pensaba- ¿Cuándo vuelve?

-Sol: Justamente por eso te llamaba, Rubén. No-va-a-vol-ver. Lucha está planeando largar alguna cátedra, atender a más pacientes particulares y juntar plata para mudarse sola a fin de año.

-Rubén: ¡¿Qué?! –touché, pensé.

-Sol: Lo que escuchás. Está enojadísima con vos y, a decir verdad, tiene razón.

-Rubén: ¡Pero si nadie la va a querer como yo! ¡Estamos juntos hace diez años! ¡No se va a ir a vivir sola nada!

-Sol: Revisa los clasificados todos los días, Rubén… -mentí, pero el fin justificaba los medios.

-Rubén: No, no, no. No puede ser… -me respondió incrédulo, con voz entrecortada-. No puede ser, Sol. Luchita, “oshita”, culo jugoso… Me tenés que ayudar. No la puedo perder.

-Sol: Por eso te llamaba. Yo te voy a ayudar, pero vos tenés que hacer todo lo que te diga, eh.

-Rubén: Lo que quieras, Solcito. Si pierdo a “osha” me muero. Yo sé que a veces soy desconsiderado…

-Sol: ¿A veces?

-Rubén: Sí, a veces. Mirá, antes de que se fuera, le compré unos guantes de hule geniales para que limpie y hasta le compré una escoba nueva.

-Sol: Sos un caso perdido, Rubén –le dije resignada.

-Rubén: ¡Pero si era uno de esos escobillones gigantes! Estuve re inteligente… ¡con ése barría toda la casa en media hora!

-Sol: Callate y escuchame que en cualquier momento llega. Anotá la dirección exacta de mi casa…

-Rubén: Sí, sí. Lo que digas.

Después de darle el resto de las instrucciones, nos despedimos.

-Superyó: Ahora me siento bien: estamos haciendo algo bueno por Luchita.

-Ello: ¿Podemos brindar?

-Yo: Hmmm… ¡y daaaaaaaale!

-Sol: ¡Salud!

Levanté mi porrón en soledad, satisfecha. No podía fallar.

¿No?

Día 23 – Trade-In

27/09/2009

-Luna: Tarde. Otra vez, Sol –fueron sus palabras de bienvenida. Me limité a reirme y a sentarme en mi lugar.

-Sol: ¿Sabés que siempre te envidié la mecedora, no? –le dije con total honestidad-. ¿Me puedo sentar ahí?

-Luna: Éste es mi lugar y ése –señaló con el dedo mi silloncito- es el tuyo.

-Sol: Ufa, ufa. Daaaaleeee… ¡jajajajajajaja! –su cara me comunicó, claramente, que toda súplica era inútil, así que me dispuse a comenzar la sesión en el estado en que estaba, sentada en el lugar que me tocaba.

De pronto, mi estómago empezó a rugir, pero tenía todo fríamente calculado: el bajón no me iba a agarrar desprevenida, no. Abrí mi cartera y saqué un paquete de papas fritas ante la mirada impávida de Luna, que me observaba lamer la sal de cada una y después tragarlas sin masticar.

-Luna: ¿Estás ansiosa? ¿Seguís mal por la separación?

-Sol: Jijijijijijijijijiji

-Luna: Bueno, veo que ya estás mejor… pero te noto un tanto ansiosa.

-Sol: Tengo un bajón… jijijijijiji

-Luna: Por lo risueña que estás, no parece que estuvieras bajoneada.

-Sol: No es un bajón de tristeza, Luna –le guiñé un ojo y entendió todo.

Luna es una psicóloga muy reconocida en su ámbito. Además de atender pacientes particulares, como yo, trabaja en un hospital y es una militante activa por los derechos humanos,  lo cual le trajo mucha fama y muchos problemas. Al poco tiempo de frecuentarla, la googleé y descubrí que de joven había sido modelo, que escribe en un diario muy importante y que tiene un blog propio y uno apócrifo, en el cual, alguien que se hace pasar por ella ofrece sus servicios sexuales en forma gratuita. Todos sus datos estaban en ese blog y, después de mucho cavilar, decidí contarle. Avergonzada, me reveló la identidad del acosador y me explicó por qué no podía hacer nada al respecto. Digamos que tiene enemigos que hacen que Gabriel se vea como Ned Flanders. Desde entonces, soy fiel seguidora de su blog y alguna que otra vez le dejé un comentario.

-Sol: Yo también tengo un blog, Luna. Lo abrí hace unos días. ¡Jajajajajajaja!

-Luna: ¡Pasame la dirección!

-Sol: Ni loca.

-Luna: Vos lees mi blog. Dale, pasame la dirección.

-Sol: No.

-Luna: ¿Y sobre qué escribís?

-Sol: Los eventos de mi vida desde la llegada de Gabriel. De paso, te cuento. El tipo me revisó la computadora y supo lo de Ramiro. Ahora me está extorsionando sutilmente y ya descubrí toda la verdad sobre la estafa.

-Luna: ¿Y lo escribiste en el blog?

-Sol: Todavía no llegué a esa parte… ¡pero vos aparecés!

-Luna: ¿En serio?

-Sol: Sí –asentí con la cabeza e incliné el paquete de papas fritas para comerme las miguitas.

-Luna: Sol, dale… pasame la dirección del blog.

-Sol: Si me dejás sentar en tu mecedora.

-Luna: No –pude ver que la intriga la carcomía y, en el estado psicodélico en que estaba, claudicar no era una opción. Quería mecerme en su hermosa silla thonet esterillada.

-Sol: Entonces no te digo nada la dirección –me crucé de brazos y conté hasta diez, segura de que era el tiempo necesario para que aceptara los términos de mi intercambio.

-Luna: Hmmm… bueno. Pero sólo por hoy, ¿eh?

Apenas estuve ubicada en mi lugar, le conté todo lo que había pasado en la semana, logrando mi cometido: que se olvidara del blog.

Cuando nos despedimos, abrí la cartera para pagarle y ella me alcanzó una birome.

-Luna: Tomá. Escribime la dirección acá.

-Sol: Ehhh… -revolví la cartera fingiendo estar distraída buscando algo de cambio y empecé a bajar las escaleras.

-Luna: Ah, no, Sol, vení para acá, ¡nuestro trato era que me dabas la dirección! –cuando pensé que ya no tenía escapatoria, encontré la solución al asedio de Luna porque cumpliera con mi palabra.

-Sol: Tomá, es importada. Gentileza de Gabriel. Chau, ¡me fui!

Una vez en la esquina pude ver como Luna dejaba de agitar la birome y el papel, abría su mano, sonreía, se llevaba el paquete al bolsillo y cerraba la puerta.

Día 21 – Con la frente marchita

15/08/2009

-Superyó: ¿En serio vas a robar?

-Sol: El que le roba a un ladrón… -pensé justificándome- es en concepto de alquiler, daños, destrozos y la operación de Benito.

-Ello: ¡Vamos! No conocemos Ecuador. De última, si Javi nos da vuelta la cara nos tomamos unas lindas vacaciones.

-Superyó: Siempre el mismo vos, eh. Siempre de farra, siempre haciendo lo que quiere, ¡egoísta! Javier pidió que lo respetáramos. Además, un poco de dignidad, che. ¿Qué es eso de andar corriendo a un tipo que nos dejó y no nos quiere hablar? Aparte, nos tenemos que poner a trabajar de una buena vez.

-Ello: No es un tipo, tarado. Es el tipo que amamos. ¡Vamos a las Galápagos!

-Yo: Seamos racionales. No tenemos un mango, pero Javier se va a ir y tendríamos que hacer algo. Lo mejor sería dejar pasar un poco el tiempo, enfocarnos en el trabajo y, en todo caso, llamarlo.

-Sol: Chicos, tengo miedo. Si no insisto y lo respeto, puede llegar a pensar que no me importa, que ya cerré la historia. Pero Superyó tiene razón, Javi me pidió compromiso. Tengo que demostrarle que puedo ser responsable y hacer las cosas bien a mi manera. Voy a componer la mejor música incidental de un largo nunca jamás hecha, voy a ganar premios, la prensa me va a aclamar, voy a aparecer toda diva en el BAFICI y Javier se va a morir de amor, me va a venir a buscar, yo me voy a hacer la difícil, pero después voy a aceptar, aunque tenga que rechazar a Tarantino que justo va a ser juez del Festival y…

-Superyó: Paráááá, que se te va a derramar la leche, tontita. Primero lo primero. ¡A trabajar!

Día 14 – Dead or Alive

15/07/2009

-Papá: Sol, no te lo quería decir por teléfono, pero Gato… ¡Gato murió! –volver a escucharlo llorar a un mes del fallecimiento de mamá me dolía más que la muerte de mi amado Gato.

Mi papá dormía con Gato, miraba tele con Gato, jugaba con Gato y –tengo que decirlo, perdón- cagaba con Gato. El animalito era todo para él.

-Sol: Calmate, papá. Sin cadáver no hay muerto. Yo lo voy a encontrar –se lo prometí segura. Segurísima. Mi sexto sentido felino me decía que la hora de Gato no había llegado, aunque la vecina jurara que la mancha de sangre en la vereda era terrible y que, obviamente, se lo había llevado el barrendero.

Cancelé todos los planes que tenía, busqué la mejor foto de Gato e hice carteles y volantes que dejé en todas las casas ubicadas en un radio de diez cuadras. Aprovechando el recorrido, visité cada una de las veterinarias que encontré, pero Gato no había estado en ninguna de ellas. Al segundo día de volanteada y pegatina, una viejita amorosa me recomendó que preguntara en una clínica veterinaria que yo desconocía. Al lado de Marley, Botitas, y Traffic, bajo el pseudónimo de “N/N”, Gato ronroneaba bajito. Abracé al veterinario, llamé a mi papá y, por primera vez en mucho tiempo, fue un placer escucharlo llorar.

La recepcionista de la clínica nos dio el teléfono de Carla, la maestra que había salvado a Gato, y la llamamos. Tomamos nota de su dirección y, apenas cortamos, mi papá me preguntó:

-Papá: ¿Cómo se llaman las carteras que usa Cristina Kirchner? –noté que no me miraba porque estaba conteniendo el llanto.

-Sol: Luois Vuitton, ¿por?

-Papá: Porque le vamos a comprar una de esas. Sí, las que usa Cristina y todas envidian.

Carla vivía en un departamentito muy modesto junto a su pareja y su hermana, su salario docente no era extraordinario y, sin embargo, había pagado los $850 de la operación de urgencia de Gato. Sin dejar de abrazar la cartera, Carla nos relató lo ocurrido con Gato.

-Carla: Cuando lo vi caer del techo de su casa, lo recogí como estaba y le toqué el timbre a la vecina, pero me dijo que no conocía a nadie con gato y se negó de mal modo a darme una frazadita para envolverlo y llevármelo a otro lado.

Mi papá y yo nos miramos llenos de odio. Esa vecina era la misma vieja a quién mi mamá le iba a cobrar la jubilación en invierno y mi papá llevaba en auto a la iglesia, porque el hijo siempre se negaba a hacerlo.

-Superyó: Pst, pst. Hacés bien en recordar todas estas cosas, Sol. ¿Quién querés ser?, ¿la vieja de mierda o la maestra bondadosa?, ¿la vecina o Carla?

Sumergido en un charco de sangre, Benito me miraba con ojos suplicantes desde el bidet.

-Sol: No tendrías que estar acá, ya deberías haberte ido -le dije en voz baja mientras me subía el pantalón del pijama-. Y ahora esto… ¿qué voy a hacer con vos, enviado de Satán?

Día 14 – Tres personajes en busca de un autor

14/07/2009

Durante mucho tiempo me consideré una especie de esquizofrénica inofensiva. Pensaba que tenía algo que ver con la histriónica y compleja personalidad que nos caracteriza los artistas, aunque muchas veces sienta que esa categoría me queda un poco grande. Como sea, había aprendido a convivir con esos seres anónimos que peleaban entre ellos y conmigo. Después conocí a Luna, mi terapeuta, quien tuvo el privilegio de bautizarlos.

-Luna: No, Sol, no estás loca, ni escuchás voces, ni nada de eso. No digas pavadas –me retó antes de rescatar del anonimato a mis fieles compañeros de la vida-. Yo te voy a explicar… el funcionamiento de tu cabecita está bajo el control de tres… llamémoslos personajes.

-Sol: ¿Estoy poseída? –afortunadamente, Luna entendió mi chiste y evitó la famosa repregunta: “¿y por qué pensás que podrías estar poseída?”

-Luna: Escuchá. En tu cabeza conviven el Yo, el Ello y el Superyó. El Ello es puro deseo, quiere hacer lo que quiere, no le importa nada. Pero no podés hacer siempre lo que se te cante, por eso tenés un Superyó, que vendría a ser algo así como un Pepe Grillo muy severo que te pone los límites…

-Sol: A ese hijo de puta lo conozco. Al primero también, pero Ello tiene más onda. Debe ser el que ama las papas fritas… no me queda otra que complacerlo todos los días…

-Luna: Por último, tu Yo está en el medio de Ello y Superyó y hace lo mejor que puede para que no lo vuelvan loco.

-Sol: Ya entendí todo. Los tres me acompañan al supermercado, ponele. Ello me dice con voz persuasiva: “comprá papas fritas, sabés que querés papas fritas, permitítelo”. Pero Superyó retruca: “vas a engordar y deberías gastar tu plata en cosas que te alimenten. Cuando ruedes, andá a llorarle a Ello porque la gente te mira raro cuando usás minifalda y las vendedoras se ríen porque pedís un talle 27”. Entonces, Yo da su veredicto: “ok, ok, chicos, llevamos papas fritas, pero el paquete de $2, que trae la mitad que el de $5 y, encima, es más barato”.

Luna se agarró la cabeza, pero terminó avalando mi explicación. Me dijo que “entendí la esencia del concepto” y yo quedé más que satisfecha.

A las cuatro de la mañana de ese día, fui al baño junto a mi pandilla. Ya habíamos tenido una mini discusión. Resulta que Ello quería seguir durmiendo, pero Superyó insistía con que no era lo mejor para mi organismo esperar. En un acto de suprema voluntad, Yo me destapó y me depositó en el inodoro.

-Superyó: Pst, pst. Despabilate, Sol. Mirá quién está en el bidet.