Día 29 – Instant Karma Is Gonna Get Ya

08/02/2010 por viviendoconelenemigo

Lore cree en esas cosas. Yo no, claro que no. Claro que yo no creo en esas cosas. Antes de decidir ser música, quería ser científica. Yo no creo en esas cosas, claro. ¿Por qué habría de hacerlo?

El “universo” no existe. No. Claro que el “universo” no existe.

Existe el Universo, sí. Pero es una constelación de cosas que giran alrededor de otras. El Universo existe, por supuesto. Es así: hubo una explosión originaria y -¡kapow!- con ustedes, ladies and gentlemen: el Universo.

Pero esa tarde todos los planetas se alinearon. Todos. O, al menos, sin saberlo, todas las personas significativas en mi vida se turnaron para llamarme.

Ok, ok. No todas. No existe cosa tal como un teléfono desde el más allá. Pero los que tenían que llamar, llamaron. Los que no pudieron estaban marcando los números o, al menos, eso quise creer.

Se preguntarán por qué. No tengo las respuestas. Pero esa tarde todo, todo se ordenó. Sin que yo hiciera nada. O sí. Hice mucho. Tal vez, fue por eso que todo lo que tenía que ocurrir, finalmente, ocurrió.

Día 29 – Loca de mierda

05/02/2010 por viviendoconelenemigo

-Sol: Estoy cansada de estar encerrada en mi cuarto, Gabriel. Tampoco puedo estar en el living porque entre el olor a podrido de tus cosas, las piedras de Benito que no puede salir al balcón y el incienso que prendió Lore, esto parece un templo construido para alabar a la mugre, de la cual sos devoto. Por tu culpa, tengo que soportar a Lucha diciendo que esto es un chiquero todo el santo día.

-Gabriel: Tenés razón, Sol.

-Sol: Sí, ya sé que tengo razón. ¡Tengo razón en todo! Estoy cansada, Gabriel.

-Gabriel: Bueno, tomate un descanso del trabajo y dormí un rato.

-Sol: No, tarado. Estoy cansada de vos. Estoy podrida de vos. No te aguanto más. Encima, por tu culpa, tengo que vivir aguantando a Pepita la pistolera amenazándome con hablar con el dueño de esta casa si no dejamos de hacer ruido.

-Gabriel: ¿Otra vez está jodiendo con eso?

-Sol: ¡Tiene razón! ¡Yo tengo razón! ¡Todos tienen razón, menos vos! –le grité con los brazos levantados, dándome vuelta para que no viera que en realidad me estaba riendo. Lo de Ezequiel me había colmado la paciencia y ya no pensaba ser tan meticulosa con mi plan para echarlo. No podía, no aguantaba más estar rodeada de gente que sacaba provecho de mí-. Yo no sé qué parte no entendés vos de que el alquiler de este departamento lo paga mi viejo. ¿Qué parte no entendés? Te lo aclaré mil veces, mil. Si la loca esta va a hablar con el dueño, el dueño va a hablar con mi viejo. Y, yo, no pienso hablar con él.

-Gabriel: Sí, claro. Ahí entiendo.

-Sol: De lo único que me doy cuenta, Gabriel, es que yo soy la única que actúa como amiga con todos los que dicen ser mis amigos. Te estoy dando un lugar para que te quedes, no le conté nada a Josefina y…

-Gabriel: Yo tampoco le conté nada a Javier…

-Sol: ¡Ahora te lo tengo que agradecer! ¿Tengo que agradecerte que hayas revisado mi computadora? Decime, tarado, ¿tengo que agradecerte por haberte confiado secretos como amigo y que después poco menos me chantajees? Mirá, vos no sólo sos un mentiroso. ¡Sos un ladrón!

-Gabriel: ¡Para vos todo fue fácil, Sol! ¡Todo!

-Sol: A ver, decime qué fue fácil para mí, ¡qué!

-Gabriel: Papi te regaló un departamento –me dijo con voz aniñada, como irónico-. Papi es tan, pero tan bueno, que le compró otro a tu hermana y le dio el tuyo para que viviera y mientras tanto te paga un alquiler. ¡Pobrecita, Sol!

-Sol: Mirá, cuando no tuve donde vivir no le mentí, ni le robé a nadie. Hasta donde yo sé, mientras estuve en tu casa cociné todos los días, te compré todo el alcohol que tomás en cantidades industriales, ¡hasta estuve toda una mañana limpiando tu bañadera que parecía un porquerizo! Yo no fui a tu casa con excusas falsas, ni llevé animales…

-Gabriel: ¡A Benito dejalo afuera de esto! Y si estás enojadita porque tu gran amiguito te recontra cagó de arriba de un árbol, ¡no te la agarres conmigo!

-Sol: El que me cagó primero, fuiste vos. Sabías que nunca te iba a dejar en la calle y, de última, ¿sabés qué? Vos también tenés suerte de que “papi” pague el alquiler, porque desde que estás acá no pagaste ni una factura, ¡ni una! ¿Josefina sabe que estás con Lore? ¿Sabe que la invitás acá y allá mientras ella paga el crédito que le hiciste sacar?

-Gabriel: Bueno, veo que te vino la regla y estás dominada por tus hormonas, querida. Me voy a dar una vueltita hasta que te calmes. Calmate, Sol. Estás muy nerviosita.

Los hombres nunca, nunca van a entender que lo peor que pueden hacer cuando efectivamente estás nerviosa es pedirte que te calmes. Las palabras mágicas para terminar de sacar a cualquier mujer de las casillas son: “calmate” y “tranquilízate”. O, peor, endosarle el motivo de tus nervios al período. Ambos recursos, utilizados de una misma oración, pueden tener efectos catastróficos.

-Sol: Fantástico. ¡Andate! –le grite desaforadamente mientras levantaba a Benito y se lo entregaba-. Ya que te vas a dar una vuelta, sacá a pasear a tu gato.

Gabriel me miraba sin entender que estaba hablando en serio. Le repetía que se fuera, pero no se movía, así que lo levanté de los hombros, lo llevé hasta la puerta y lo empujé para que saliera. Una vez que estuve en el pasillo, cerré la puerta rápidamente y sentí como si mil agujas se me clavaran en el tobillo.

-Sol: ¡Otra vez vos! ¡Vas a aprender a no arañar al pie que te da donde dormir, gato de porquería! –lo levanté nuevamente y me arañó la cara. Gabriel tocaba el timbre y golpeaba la puerta pidiéndome que lo dejara pasar para buscar su billetera.

-Sol: ¡No vas a pasar, ahora te doy tu billetera! ¿Dónde la dejaste?

-Gabriel: Está en el bolsillo interior de mi campera, loca de mierda.

“Calmate, tenés la regla, loca de mierda – calmate, tenés la regla, loca de mierda – calmate, tenés la regla, loca de mierda calmate, tenés la regla, loca de mierda calmate, tenés la regla, loca de mierda calmate, tenés la regla, loca de mierda calmate, tenés la regla, loca de mierda calmate, tenés la regla, loca de mierda calmate, tenés la regla, loca de mierda calmate, tenés la regla, loca de mierda calmate, tenés la regla, loca de mierda calmate, tenés la regla, loca de mierda calmate, tenés la regla, loca de mierda calmate, tenés la regla, loca de mierda calmate, tenés la regla, loca de mierda calmate, tenés la regla, loca de mierda calmate, tenés la regla, loca de mierda calmate, tenés la regla, loca de mierda calmate, tenés la regla, loca de mierda calmate, tenés la regla, loca de mierda calmate, tenés la regla, loca de mierda calmate, tenés la regla, loca de mierda calmate, tenés la regla, loca de mierda calmate, tenés la regla, loca de mierda calmate, tenés la regla, loca de mierda calmate, tenés la regla, loca de mierda calmate, tenés la regla, loca de mierda calmate, tenés la regla, loca de mierda calmate, tenés la regla, loca de mierda calmate, tenés la regla, loca de mierda”, eran las palabras que retumbaban en mi cabeza como si fuera un remix infernal, mientras buscaba la billetera.

“Ah, sí, mirá qué loca de mierda soy”, pensé y le saqué todo el dinero, le tiré la billetera vacía y, sin pensarlo dos veces, puse a Benito en el pasillo y cerré la puerta.

-Sol: ¡Mirá qué loca de mierda soy! ¡Mirá qué…! –no alcancé a avisarle que me había quedado con toda su plata y me pensaba pedir diez kilos de helado con ella, porque el teléfono sonó y sabía quién era.

Día 29 – V.I.P.

21/01/2010 por viviendoconelenemigo

Todos amamos a Ramón, el verdulero-almacenero-kiosquero del barrio. ¿Cómo no hacerlo? Ramón escribe poesías con tiza en pizarras que cuelga en las paredes de su local en la esquina. Conoce el nombre de todos los históricos del barrio, pregunta por los parientes y siempre elige la mejor verdura. Ramón no le cobra los envases de cerveza a los conocidos y siempre tiene cambio. La venta ilegal del etílico elixir le ha costado más de una clausura, pero jamás te va a negar una botella después de las once de la noche.

Ramón me cuida el ficus cuando viajo y, la última vez, me lo devolvió disfrazado de arbolito de navidad con una caja de chocolates con moño improvisada como regalo.

En el negocio de Ramón estoy autorizada a abrir la caja, cobrarme el vuelto, abrir la heladera, agarrar los cigarrillos y jamás hago cola. Soy una especie de clienta VIP, a la cual hacen pasar adentro, mientras el resto de los clientes son atendidos tras las rejas de la puerta.

Pero no sería hasta esa tarde que comprendería mi status de clienta Premium.

-Ramón: El envase me lo traes después, piba. Vení. Antes de que te vayas, quiero que conozcas a alguien –me dijo serio, casi como si fuera una orden, y me hizo pasar al comedor de su casa, anexada al local-. Ni te imaginás quién está almorzando conmigo, piba. ¿Querés una milanesita?

Sentados a su mesa, había dos hombres. Apenas me vieron entrar, hicieron de lado las milanesas y se pusieron de pie, como dos verdaderos caballeros. Uno se sacó la gorra para saludarme, y me pareció un lindo detalle. El otro me miraba raro: levantaba y bajaba las cejas como esperando alguna reacción de mi parte. Asentí con la cabeza, como dándome por aludida, pero el tipo insistió con el gesto de las cejas y me sonrió con todos los dientes, mientras señalaba su rostro con ambas manos.

-Ramón: Te presento a un gran amigo mío, aunque no creo que haga falta.

-Sol: Ehhh… no, claro que no, Ramón. Por supuesto que no hace falta.

-Megaestrella: Tomá, querida. Podés venir a verme cuando quieras –me dijo, sin dejar de masticar el pedazo de milanesa que tenía en su boca y me extendió una invitación.

-Sol: ¿En serio?

-Megaestrella: Claro, querida –aseguró como si me estuviera dando acceso al evento de mi vida.

-Sol: Bueno, caballeros. Los dejo continuar con su almuerzo. Un gusto, un honor haberlos conocido.

Ambos hicieron una reverencia y Ramón me escoltó hasta la puerta.

-Ramón: ¡Viste, piba!

-Sol: ¡No lo puedo creer, Ramón! –dije con una emoción fingida, pero bastante convincente.

-Ramón: Y… hace años que es mi amigo –se sonrió satisfecho y me abrió la puerta de la verdulería.

-Sol: Un verdadero orgullo. Te felicito.

Ramón se quedó en la puerta, viéndome mientras me iba y adiviné en sus ojos que tenía ganas de gritar a los cuatro vientos: ¡Joe Rígoli está almorzando conmigo!

Joe Rígoli, lo recordarán de películas como… “El novicio rebelde” o “El desastrólogo”

Día 29 – In the Meantime

21/01/2010 por viviendoconelenemigo

-Ello: Qué bien, qué bien, Solcito. Ya era hora de que te avivaras: no-sos-Flanders.

-Sol: Es verdad. No lo soy y no tengo ninguna obligación de serlo. Menos con este ímbecil a rosca. Lo que no entiendo, realmente, es por qué hizo algo así. Digo… siempre fui buena con él. De hecho, así lo conocí…

-Superyó: Es lo que corresponde. ¿Vos hacés cosas buenas esperando algo a cambio?

-Yo: No creo que sea el caso, Superyó. No se trata de esperar algo a cambio, sino de mera reciprocidad.

-Superyó: ¡Pero yo quiero que nos construyan un monolito! Ehhh… ¿cómo sería un monolito de nosotros?

-Sol: ¿Una mujer de cuatro cabezas? Qué deforme –pensé antes de imaginarnos convertidos en una especie de medusa de bronce, toda cagada por palomas y grafiteada con frases tipo “Ramón Gato Pardo”, “Boca puto”, “Aguante Caballito”.

-Yo: Si fuera por vos, Superyó, más que en monolito, nos convertiríamos en la estatua del Príncipe Feliz y vos serías el pájaro que no migra para donar todas sus partes, sólo para darse cuenta que con su sacrificio no cambiaron nada sustancial de este mundo de mierda.

-Ello: Estoy muy movilizado, muy. No voy a poder disfrutar de nada hasta que no tomemos una decisión. Meditémoslo con una cerveza.

Salí al balcón a buscar algo de ropa limpia para cambiarme y me distraje viendo al vecino de la casa de enfrente que suele practicar algún arte marcial en la terraza. Siempre me divierte verlo pegándole a la pared o dando saltitos para esquivar a un oponente imaginario. Cada vez que lo veo, me juro que la próxima vez lo voy a filmar, le voy a poner de fondo la música de Rocky y lo voy a subir a YouTube, pero nunca lo hago.

Agazapada para que el tipo no pudiera verme en ropa interior, me reía bajito e intercalaba el tarareo del soundtrack de Rocky con frases como “Adriaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaan”, hasta que el sonido de unas llaves tratando de abrir la puerta me interrumpió. Recordé que había dejado mi llave puesta y que en ese momento odiaba al mundo.

-Yo: De Gabriel nos ocupamos después. Dejalo entrar.

-Sol: Ok, ok.

Me puse lo primero que encontré en el tender y corrí a abrirle a Gabriel que estaba a punto de tirar la puerta abajo.

-Gabriel: ¡Abrime, Sol! –gritaba desesperado, mientras yo me debatía entre el bien y el mal-. Qué mina pelotuda –escuché que susurraba y la lucha la empezó a ganar el diablo que me hablaba al oído.

-Lore: Pobre Sol. Tal vez necesite un momento de intimidad. No la está pasando bien… vamos a tomar algo por ahí –conozco a Lorena desde los cinco años, sabía que lo decía sinceramente. Me quedé en silencio unos segundos y escuché que le proponía a Gabriel:- Vayamos a tomar un café a Bonafide y, de paso, le reponemos el café que te tomaste.

Tuve que contener el impulso que sentí de abrir la puerta y darle un abrazo. Después de todo, todavía tenía que hacerla sufrir un poco más por andar con ese cocoliche, así que me limité a abrir la puerta, darles un beso y salir, sin saberlo, al encuentro de una megaestrella.

Día 29 – Deadline

19/01/2010 por viviendoconelenemigo

From: ezegocéntrico@egoismo.com

To: sol@odioalmundo.com

Subject:

Yo pienso que tu blog es lo mas mediocre que hiziste, seguido de haber vailado arriva del esenario.

From: sol@odioalmundo.com

To: ezegocéntrico@egoismo.com

Subject: Re: …

Revisarle la computadora a tu amiga no es, ni cerca, lo más mediocre que hiciste. Grabaste un disco con tu banda para probarlo. Lástima que yo ya se lo haya dado al Rockstar, pero se resuelve fácil. Olvidate del festival.

From: ezegocéntrico@egoismo.com

To: sol@odioalmundo.com

Subject: Re: Re: …

No me podes haser eso a mi, Sol. Yo habre estado mal, pero vos ya te vas de tema. ¿Como me vas a dejar a mi sin lo del festibal? Yo ya le conté a los chicos de mi vanda, no se que les voy a dezir ahora.

From: sol@odioalmundo.com

To: ezegocéntrico@egoismo.com

Subject: Re: Re: Re: …

No es mi problema, Ezequiel. Te hubieras acordado de tu banda cuando traicionaste mi confianza, entraste en mi casa y revisaste mis cosas.

Y, ah, lo que una persona con tu redacción, ortografía y talento artístico tenga para decir sobre lo que escribo me tiene muy sin cuidado.

Tu problema no es que alguien escriba una boludez caricaturizando tu narcisismo y tu egocentrismo, no. Tu problema es creer que le importa a alguien más que a tu analista.

-Sol: Hola, Rockstar –estaba sorprendida de mi determinación. Había marcado sin ningún remordimiento y estaba decidida a cumplir con mi amenaza.

-Rockstar: Hola, nenennna, ¿venís al festival? Ya estás en la lista.

-Sol: En realidad, te llamaba para pedirte que bajaras a mi amigo, el del demo.

-Rockstar: Todo sí. Pero, ¿qué pasó?

-Sol: Vino a mi casa, me pidió la máquina para revisar los mails y terminó revisando mis cosas.

-Rockstar: Bueno, es una boludez. La fecha ya está programada. ¿No podés dejarlo de lado?

-Sol: Encontró un blog que escribo, lo leyó y me dijo que era más mediocre que haber bailado en el escenario aquella vez, ¿te acordás?

-Rockstar: ¿Cómo me voy a olvidar? Fue un highlight en mi carrera. Mediocre él y su bandita de mierda. Para mí fue re grosso, ¿quién ese imbécil para juzgar qué? Olvidate, nennnena, lo bajo ya.

-Sol: Gracias, Rockstar. En serio. Sé que es re maloso de mi parte y… -me interrumpió.

-Rockstar: Nennna, ¿estás segura de hacerlo? Mirá que no hay vuelta atrás…

-Sol: Sí, sí… en realidad… bueno, que se joda si la banda se decepciona, ¿no? Ellos no me llamaron para agradecerme la fecha, por qué tendría que preocuparme yo si la pierden… ¿no?

-Superyó: ¡Ja! Así me gusta… recapacitá, Sol. No podés ser tan vengativa.

-Sol: ¡Callate! Si fuera por vos, yo sería la Madre Teresa de Calcuta. Cortala o le cuento a Luna que estás tratando de convertirme en una mártir otra vez.

-Superyó: ¡Ouch! ¡Adiós!

-Rockstar: ¿Seguís ahí?

-Sol: Sí, sí, estaba pensando que…

-Rockstar: Hagamos una cosa: te doy hasta las siete de la tarde. Pensalo bien y me llamás. ¿Cuándo vamos a tomar unas cervezas?

-Sol: Eh… te llamo a las siete.

-Rockstar: Todo bien, nennenna. Para mí fue genial que te subieran, que bailaras. Sabelo.

-Sol: Hablamos.

Día 28 – A Guide To Recognizing Your Friends

18/01/2010 por viviendoconelenemigo

Si una persona, supongamos que soy yo en este caso, escucha hace más de diez años tus problemas, aunque le quemes la cabeza, aunque tenga problemas propios más importantes y los deje de lado: probablemente esa persona sea tu amiga.

Si una persona, supongamos que se llama Ezequiel, te cuenta todos sus problemas hace más de diez años, siempre te interrumpe cuando le contás los propios y jamás puede dejar de hacer referencia a su persona: probablemente estés frente a un amigo egocéntrico.

Si sos alguien como Ezequiel y tenés una amiga, supongamos que se llama Sol, que siempre está tratando de ayudarte con tu carrera y se conecta con gente para ver en qué te podés beneficiar: definitivamente, sos una persona afortunada que tiene una amiga de verdad.

Si sos una amiga de verdad, como Sol, probablemente puedas dejar de lado que un amigo, como Ezequiel, supongamos, no te haya apoyado cuando estabas triste y lo recibas en tu casa para aceptar sus disculpas, escuchar nuevamente todos sus problemas y hasta lo abraces mientras llora: evidentemente, sos la clase de amiga que hay que conservar.

Si sos un tipo como Ezequiel y tenés una amiga como Sol y vas a su casa a disculparte por haberla dejado en banda con sus problemas, acabás hablando –nuevamente- sólo de los tuyos, pero ella te consuela, te prepara té, te presta su computadora para que revises los mails y vos, en cambio, le revisás la computadora: concluyentemente, no sos ninguna clase de amigo.

Día 27 – La primera vez y la última

12/01/2010 por viviendoconelenemigo

(Advertencia: esta entrada es un bajón)

Pola se iba a casar, eventualmente. Lucha iba a volver con Rubén, eventualmente. Y yo había perdido mi norte, porque el único que de verdad tenía algún atisbo de realidad era con Javier, formando una familia. La que nunca tuve, tal vez. La que siempre quise, seguro.

Meses (que ya ni recuerdo cuántos) atrás…

Mi primera sesión con Luna

-Sol: Hola, me llamo Sol. Mi mamá se murió hace algunos meses y, desde entonces, lo único que hago es mirar series, tomar licor de huevo y comer papas fritas.

-Luna: Ajá…

-Sol: Y lo hago todo tan bien, que ni Javier se da cuenta que estoy todo el día mirando series, tomando licor de huevo y comiendo papas fritas.

-Luna: Ajá…

-Sol: Pasa que para mí debe ser más difícil, me imagino… ¿no? Porque yo soy atea y, mi familia, no.  Entonces ellos saben que es una cuestión de tiempo. En realidad, que hay que invertir el tiempo y, entonces, tanto tiempo sin verla significa, en verdad, tanto tiempo menos para verla.

-Luna: Ajá…

-Sol: Porque la gente deja de existir, ¿no? Es eso: deja de existir. Muere y ya está: no existe más. Entonces, ¿cómo vivís con esa impotencia?

-Luna: Entiendo… tomá –me pasó una caja de tissues con aroma a melón y pepino, que sólo recordaría cuando ya no estuvieran a la venta y Luna me explicara el porqué de esos tissues corrientes.

-Sol: Es que la sola idea de que todo haya sido en vano…

-Luna: No lo fue –afirmó con seguridad.

-Sol: ¿Cómo que no? Después de todo… está muerta. Soy huérfana de madre. Tengo que aceptarlo, ¿qué más puedo hacer?

-Luna: Veo como si… como si en vos no existiera ninguna clase de pensamiento mágico.

-Sol: ¿Pensamiento qué? –dije entre los mocos que se drenaban hasta llegar al aroma que tantas contradicciones me provocaba. Había algo de vida en sentir aromas. Había algo de vida en olores distintos a los claveles, las rosas. Yo estaba respirando. ¿Qué otra prueba necesitaba de que no todo estaba tan muerto como yo pensaba?

-Luna: Pensamiento mágico. ¿No hay nada que guarde de ella?

-Sol: Sí, claro… sus recuerdos… yo qué sé… algunas cosas que me dijo… Es que… -flexioné las piernas en posición fetal y deseé que lo que iba a decir no fuera cierto, que fuera el resultado de mi incredulidad, de mi ateísmo o, simplemente, de la ausencia de pensamiento mágico que, según Luna, explicaba todo.

-Luna: No. Algo, algo. Algo tangible, algo a lo que…

-Sol: No. Nunca más volví al cementerio. Quiero creer que si ella está en algún lado, no es ahí. Mi mamá no está en ese lugar silencioso, lleno de flores que tiene que sacar un cuidador para que no apesten a podrido. No. Si mi mamá está en algún lado, tenelo por seguro, no está ahí.

-Luna: ¿No podemos encontrar otro lugar? Tal vez sea mejor ubicarla en un lugar lleno de vida.

-Sol: Mirá, cuando se enfermó, no sé bien porqué, se le dio por tejer y por plantar. Lo último era lo más raro de todo. Ella decía que “las plantas se le morían”, como si fuera un orgullo. Las plantas se le morían porque ella no llevaba la vida de madre-cooperadora –así llamaba a las que amas de casa que llegaban media hora más temprano a la puerta del colegio para poder chusmear con las otras madres y, en ocasiones, hasta llegaban a participar de los actos escolares como si fuera una especie de revival de su infancia-. Pero cuando supo que se estaba por morir compró un rosal, un jazminero y un ficus.

-Luna: ¿Dónde están?

-Sol: Muertos.

-Luna: ¿Todos?

-Sol: El ficus tiene cuatro hojas, todavía… el resto: caput.

-Luna: ¿Quién va a cuidar del ficus?

-Sol: Magoya.

Luna me recomendó que me hiciera del ficus, que lo cuidara. Me dijo que tenía que resignificar a la planta. Ok. Juro que lo intenté. De hecho, hoy, veo el frondozo ficus crecer en mi balcón, pero jamás encontré el pensamiento mágico en él.

De verdad. Lo juro. Lo intenté. Le compré una maceta hermosa. Me senté a comer galletitas con él. Le hablé cuando nadie me veía. Le limpié las hojas con leche. Pensé que lo había logrado, pero no pasaba nada. Lo veía y me decía: “es un ficus, pelotuda”.

Día 27 propiamente dicho.

Las chicas se fueron ayer, pero todavía pienso en Rubén, en Juan y en Javier, que jamás volvería a hacer algo como lo que hicieron ellos por sus novias, mis amigas. Estoy en casa, sola. Gabriel se fue a comprar algo para desayunar, léase, se fue a buscar a Lorena que se fue dando un portazo el día anterior.

Estoy en casa sola. Estoy enfrente del ficus. Benito intenta provocar mi lástima y ternura con algunos ronroneos en pañales, pero enseguida se da cuenta de que es inútil. Tengo una tarea más importante: tengo que lograr que el ficus me reconforte.

Le hablo. Lo acaricio. Lo abrazo.

Ya es mediodía y estoy sin dormir y espero que el ficus me mande a descansar tranquila entre las sábanas, pero muy poco puede hacer un montón de hojas con tronco y nada puede decir que me acomode el pelo o me palmee la espalda. Lo mismo lo miro, como si en él durmiera alguna especie de cura eterna para la soledad que me estruja el alma y el cuerpo, dejándome sólo algunas lágrimas para la frustración cuando la fórmula mágica falla.

Me acaricio el brazo como tratando de reconfortarme y un recuerdo me invade.

Todos llevaban estampitas a los exámenes y yo llevaba la foto de mamá.

Hoy, a esa foto, la llevaba siempre encima. Encima. “Encima” es la clave. La necesito en mí.

Después de intentarlo tanto tiempo me doy cuenta de que necesito tenerla en algo vivo. Pero no como un ficus. La necesito en la piel, en la carne. Realmente, necesito llevarla conmigo.

Corro como desesperada, temiendo que se me pase el efecto del porro y el momento de lucidez se vaya con él.

Lo logro, llego a alcanzar el teléfono y marco el número de Colmillo. Le pido que me recomiende a alguien que pueda hacer bien ese trabajo. No porque fuera complicado. No lo era. Si no por lo que significaba. Iba a ser mi refugio. Así como las tortugas llevan su caparazón consigo, yo iba a tener mi refugio. Lo iba a tocar como si fuera mágico, eso que me había dicho Luna. Iba a ser algo para mí, una de esas cosas que si contás no se te cumplen.

Colmillo me dio un teléfono y una dirección. Llamé y me dijeron que necesitaba dejar $100 de adelanto. Le aseguré al tipo al teléfono que iba a costar mucho menos, pero que dejaba lo que fuera porque me cumpliera el deseo.

No se imaginan, no tienen idea. Encontrar el pensamiento mágico es increíble y yo pensaba que todo iba a resumirse en ese caracter. Esa letra que iba a estar siempre conmigo, porque la vida se parece mucho a un examen continuo y yo iba a tenerla a ella siempre conmigo. Mi estampita fotográfica. El único ser vivo beatificado por una imagen.

Le aclaré que yo no quería que fuera pura exhibición. Estaba agitada y tenía los ojos psicóticos del que no duerme. Lo acepto. Pero él se negó.

Él se negó a tatuarme con el argumento de que si uno se tatúa es para mostrarlo. Yo quería lo contrario, quería algo íntimo, algo que acariciar para reconfortarme. Algo que fuera mío y de nadie más. Me dijo que “no estaba lista” y que él ya había ayudado a mucha gente a superar duelos, pero que lo que yo le pedía no me iba a quedar bien y, por eso, no podía ayudarme con el mío.

Le dije que trataba de venderme algo que iba en contra del concepto que le estaba describiendo, que no le pedía que me ayudara a superar ningún duelo, que se limitara a hacer lo que le pedía y por lo cual estaba dispuesta a pagar, si quedaba mal, era cosa mía.

No hay nada peor que el ego de un pseudo artista. No hay nada más hipócrita que el artista que vende su arte a pedido y pretende que éste no sea una mera mercancía.

Cuestionó mi pedido, cuestionó mi deseo, cuestionó mi duelo. Yo sonreía y le refutaba cualquier argumento, para ponerlo incómodo, nada más que porque podía, porque estaba fácil.

Me dijo que no me iba a tatuar y yo volví llorando a casa.

El ficus, por lo menos, seguía en el balcón.

Bonus Track (sí, bonus track…) – Nada de balances pelotudos

31/12/2009 por viviendoconelenemigo

Queridos lectores,

Cuando nos conocimos, nos encontramos en este espacio de flujos cibernéticos yo estaba sin un mango, había alguien en mi casa que me estaba mintiendo sin que yo supiera bien porqué, recién había cortado todo lazo con mi padre, todavía estaba de duelo por mi madre, odiaba a mi hermana por cagarme desde arriba de un puente y… tantas cosas.

Pero el tiempo pasó. El tiempo pasó y yo hice como las ardillas… fui llevando una a una las nueces a mi nido para pasar el invierno y ahora la vida es más linda.

Tengo proyectos. Si extraño a mamá, le canto una canción o riego su ficus. A veces me siento en el balcón, me fumo un porro y siento que ella se ríe conmigo. Es pelotudo, pero es así.

Este fue el año en el cual descubrí que todo depende de mí. Me asusta, pero también me da la seguridad de que soy yo quién puede fijar el rumbo. Guardo en mí cosas que puedo compartir, pero siempre van a estar en mi esencia. Las puedo prestar, pero son mías, no dependen de nadie, ni de la aprobación de alguien, ni de la prohibición de algún otro.

También tuve el gusto de estrechar cierto lazo con ustedes. No me interesa calificarlo, sino dejarles saber que estuvieron -sin querer- en momentos en los cuales me fue muy importante que estuvieran del otro lado.

Como sea, saber que hay alguien que disfruta de lo que uno hace y hasta lo espera con ganas es siempre un estímulo para cualquier cosa.

No los conozco, no me conocen, tal vez nunca nos veamos… yo qué sé, me hicieron sonreir más de una vez y por eso les voy a estar agradecida para siempre.

Termino el año contenta.

Les deseo todo lo mejor para el año que viene. Sinceramente.

Sol.

Bonus Track – El drama de Rubén

28/12/2009 por viviendoconelenemigo

Acabo de recibir este sms en mi celular:

“Sol, estoy preocupado! Se separó Sofovich. Esto me hace mal. Voy a llamar a Orco y me voy a comer una pitufresa.”

Día 26 – ¿Blanca y radiante?

27/12/2009 por viviendoconelenemigo

-Pola: Disculpame que te lo diga así, Lucha, pero Rubén es un pelotudo.

-Lucha: Todo bien… hoy se lo merece.

-Sol: Y, sí. Mirá que llamarlo a Juan…

-Pola: Pobre, porque ni enojado estaba. Estaba como triste. Pero no importa. En realidad, Rubén es lo máximo.

-Sol: ¿Eh?

-Lucha: ¡Juan le propuso casamiento! –mírenla. Ella, la que no quería que nadie se adelantara a su relato, estaba anunciando uno de los grandes momentos de Pola, quien absorta desde su lugar asentía con la cabeza y después se tapaba la cara con las dos manos.

-Sol: ¡¿Qué?! ¡Me muero! –se me estrujó el alma de alegría y no sabía cómo reaccionar, porque mi felicidad contrastaba con la cara de preocupación de Pola. Finalmente, no pude con mi genio y los brazos no me alcanzaban para darle todos los abrazos que quería.

Lucha y yo empezamos a gritar como histéricas. Gabriel vino a ver qué pasaba, pero la noticia le pareció irrelevante y se retiró cabizbajo a seguir con su tarea.

-Sol: Jurame, jurame, jurame que no vas a hacer carnaval carioca, porfa –le supliqué, sin dejar de dar pequeños saltitos abrazada a Lucha.

-Pola: No sé, no sé, no sé… pará, pará –nosotras ya estábamos pensando cómo iba a ser nuestro vestido, recomendándole lugares para ir de luna de miel, pero Pola tenía otras cosas en la cabeza-. Le dije que sí, pero ahora me da miedo.

-Sol: ¿Por? Siempre le reprochabas que no se iban a vivir juntos. Ahora te ofrece casamiento y te da miedo. Estás loca…

-Pola: ¡Es que no sé, Sol!

-Lucha: Es por lo de los hijos, ¿no?

-Pola: Sí. Mirá, jamás pensé que nos íbamos a casar. Pensé que íbamos a vivir juntos para siempre y ya. Obvio que no tengo los mismos derechos siendo concubina…

-Sol: ¡Ay, Pola! ¡Qué importa eso! ¡Te casás! –Lucha y yo volvimos a los alaridos, pero esta vez sonaban bastante forzados y no alcanzaron para contagiar a Pola de nuestra alegría.

-Pola: Es que si ahora se quiere casar, después va a querer tener hijos.

-Sol: Y los van a tener. Vos siempre quisiste adoptar… -entonces, entendí- ¡Ah! Hijos naturales…

-Pola: Técnicamente, os hijos naturales son otra cosa –la miramos molestas. Siempre se esconde detrás de sus tecnicismos de abogada para evitar hablar de lo importante.

Desde que éramos nenas, Pola siempre quiso adoptar. Nos parecía muy noble de su parte y es un gesto que resume toda su generosidad. Con el tiempo, decidió que sólo adoptaría y hace años que lo sostiene. Difícilmente cambie de parecer y, eso, es algo que no sólo enerva a su suegra, es algo que a Juan le duele mucho.

-Sol: ¿Y cómo surgió esto del casamiento?

-Lucha: Rubén –se cruzó de brazos y continuó-. El tarado llamó a Juan para decirle que estábamos con otros chicos.

-Pola: Sí, pero Juan no le dio importancia. Mirá si iba a ir para controlarme…

-Sol: ¿Y por qué fue?

-Pola: Bueno, sí… en realidad, fue por Rubén. Me dijo que cuando Rubén lo llamó para contarle que estábamos con otros tipos, la idea de pensar que podía efectivamente estar con otra persona le hizo un click en la cabeza. Así que cayó de la nada con esta bomba…

-Sol: ¿Qué vas a hacer?

-Lucha: Sí, ¿qué vas a hacer?

-Pola: No sé.